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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Al desafío ruso

La ofensiva rusa se mantiene atascada en vísperas de la nueva ronda de negociación

Zelinski se abre a discutir la neutralidad de su país, pero asegura que no cederá territorio en un hipotético acuerdo

Una mujer retirando los escombros de un edificio bombardeado en la ciudad de Jarkiv. THOMAS PETER / REUTERS

Cuatro días después de que el alto mando del Ejército ruso diera por concluida la primera fase de su guerra en Ucrania y anunciara su intención de concentrarse en “liberar el Donbás”, apenas hay indicios de que sus tropas estén reculando en el resto del país. Tampoco en la capital ucraniana. “No vemos por el momento ningún movimiento que sugiera que se están alejando de Kiev”, ha dicho el Ministerio de Defensa ucraniano. El declarado cambio de rumbo del Kremlin ha desatado toda clase de especulaciones. Mientras el Pentágono sostiene que Rusia estaría efectivamente redirigiendo sus fuerzas hacia al este del país, otras voces no ven más que un ardid para rebajar las expectativas y ganar tiempo para reabastecer y reemplazar a algunas de sus unidades. 

De lo que hay pocas dudas es del atasco de la ofensiva de Vladímir Putin, que no ha logrado tomar una sola ciudad de envergadura desde la primera semana del conflicto, cuando se hizo con el puerto meridional de Jersón. En algunas zonas incluso está perdiendo posiciones, como en la localidad de Irpin, al noroeste de Kiev, que según su alcalde ha sido este lunes “liberada” en la contraofensiva ucraniana. La inteligencia militar británica achaca a los problemas rusos a las múltiples dificultades logísticas que enfrenta, agravadas por la “continua pérdida de impulso” de su ofensiva y la "baja moral de sus tropas”. 

Ciudades sitiadas

Nada de eso está sirviendo, sin embargo, para aliviar el sufrimiento extremo de parte de la población ucraniana. Los bombardeos con artillería y misiles continúan sin remisión en el norte y el este del país, con un número creciente de localidades sitiadas tras ver como sus accesos eran bombardeados y sus servicios básicos cortados de cuajo. El caso aterrador de Maríúpol es el más conocido, pero algo semejante se está viviendo en las ciudades norteñas de Chernigiv y Sumi, donde las organizaciones humanitarias advierten que, a parte de la falta de agua, calefacción o electricidad, escasean los alimentos. 

Precisamente en los alrededores de Mariúpol es donde más terreno habría ganado el Kremlin en las últimas horas. El alcalde de la ciudad portuaria, sitiada desde hace un mes y brutalmente vapuleada, ha asegurado que el castigo ruso ha dejado por el momento unos 5.000 muertos, entre ellos más de 200 niños. No es más que una estimación porque, según una asesora del presidente Volodímir Zelenski, los entierros en la ciudad “cesaron hace 10 días por los continuos bombardeos”. En Mariúpol siguen atrapados 160.000 civiles y, por el momento, se han suspendido los corredores humanitarios por falta de garantías de seguridad.

Con semejante panorama es difícil atisbar un alto el fuego a corto plazo. De hecho, el jefe de la inteligencia ucraniana aseguró el domingo que Putin está buscando la partición de Ucrania, como se hizo con Corea después de la Segunda Guerra Mundial. “Hay razones para pensar que podría tratar de imponer una línea de separación entre las regiones ocupadas y no ocupadas de nuestro país”, dijo Kirilo Budanov. Eso le daría como mínimo una enorme fuerza en la mesa de negociación presencial, la misma que está llamada a reanudarse este martes en Estambul tras dos semanas de parón. 

Negociaciones en Turquía

En su primera entrevista con medios rusos desde que comenzó la invasión, Zelinski aseguró que está dispuesto a discutir la “neutralidad de Ucrania” y a renunciar formalmente a su integración en la OTAN, un proceso detenido desde hace años. También habló de posibles concesiones en el Donbás, donde sus fuerzas luchan desde 2014 contra las milicias separatistas armadas y respaldadas por Moscú. Pero el líder ucraniano también subrayó que el hipotético acuerdo de neutralidad tendría que ser refrendado en un plebiscito por los ucranianos y que su país no cederá territorio ni se desarmará.

Desde el Kremlin, uno de sus portavoces no tardó en rebajar las expectativas al afirmar que “hasta ahora no ha habido avances significativos” en las conversaciones mantenidas entre ambos países. Tampoco --podría decirse-- en la opacidad que impone su régimen a cualquier información independiente sobre lo que sucede en Ucrania. Poco después de la entrevista con periodistas rusos, el Gobierno ruso anunció que no sería aireada y que se investigará a los medios implicados “para determinar el alcance de sus responsabilidades”. 

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