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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Guerra en Ucrania

El eco siniestro de Bucha retumba en Kiev

La capital no es una ciudad rendida, más bien todo lo contrario; todos los que se quedaron lo hicieron para luchar hasta la última gota de sangre

El cadáver de un civil yace en una carretera a 20 km de Kiev.

Más extraño que ver una ciudad de tres millones de habitantes vacía y con la vida comercial muerta, hasta el punto que hay que andar varias manzanas para encontrar un sitio donde comer algo o tomar un café, es constatar que no hay luces en las ventanas. Todo está apagado y en penumbra, como si la noche eterna hubiera descendido sobre las mismas calles que antes celebraban a Bulgakov y a Gogol en su Paseo de los Artistas u ocupaban las playas del Dniéper cuando todavía se soñaba la primavera. “La mitad de la ciudad se fue en las primeras semanas de la guerra y la otra prefiere vivir con las luces medio apagadas por lo que pueda pasar”, dice Kate, una chica de 23 años en un café de Kiev. Nadie tiene demasiadas ganas de hablar de lo que ha pasado en Bucha. Es demasiado tétrico, demasiado desagradable, demasiado difícil de digerir.

No debería confundir esa penumbra con una ciudad rendida. Es más bien todo lo contrario. Todos los que se quedaron, lo hicieron para luchar hasta la última gota de sangre. Fuera empuñando las armas, como alimentando a los militares y los enfermos o manteniendo los servicios esenciales. Pero todos son también muy conscientes de que sin el precio pagado en Bucha, Irpin o Hostomel, las localidades de la periferia occidental de Kiev, las tropas rusas hubieran entrado en la ciudad. “No están pudiendo vencer ni avanzar y por eso están matando de esa manera a los civiles. Se comportan como animales”, dice Irna Pustovojt, una mujer de 72 años. “Es como una película de terror y los soldados rusos son sus zombies. Es absolutamente anormal e inhumano lo que están haciendo”, dice su amiga Babiyak Raise, de 55 años.

Matanzas civiles

Si algo saben hacer, en cualquier caso, los ucranianos es sobreponerse a las tragedias más inimaginables. La hambruna de Stalin mató entre tres y cinco millones de ucranianos, según el consenso académico actual. Y en la segunda guerra mundial, que comenzó con la ocupación nazi, recibida como una liberación por parte de la población, que acabaría luchando tanto contra la Wehrmacht como las tropas soviéticas de Stalin, murieron también entre tres y cinco millones, incluidos 1.5 millones de judíos ucranianos. Pero nada de eso les ha anestesiado del “dolor” y “la tristeza” que siente la ciudad a medida que se van conociendo los detalles de la matanza de Bucha, también replicada a menor escala en otras localidades ocupadas del oeste de Kiev. 

“Yo juego a fútbol en un equipo de Hostomel, con jugadores de toda la zona, y la mitad de ellos han muerto o han desaparecido”, asegura Viktor, un hombre de 26 años que antes de la guerra se ganaba la vida como guía turístico. “Soy de Odessa hablo ruso y nunca tuve ningún problema por hacerlo. Pero los medios rusos les han comido la cabeza. Les han repetido cien veces que somos unos fascistas y unos nazis y se lo han creído. Ya no tengo amigos en Rusia, para mí están muertos”, añade Viktor. “Es una locura absoluta lo que han hecho”. 

Este chaval con planta de jugador de balonmano trató de enrolarse en el ejército en dos ocasiones, pero en las dos fue rechazado. Desde hace semanas las fuerzas ucranianas solo aceptan a reclutas con formación militar porque les sobra gente. Y sean militares o civiles, todos se saludan y se despiden de la misma forma, un saludo nacionalista acuñado hace un siglo: ¡Slava Ukrayini!, a lo que el otro replica, ‘Heroyam Slava’. (Gloria a Ucrania, gloria a los héroes).

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