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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Guerra en Ucrania

Los combates alrededor de la central de Zaporiyia elevan el riesgo de catástrofe nuclear

Las tropas rusas bombardean desde la instalación las poblaciones de alrededor poco antes de la llegada de los inspectores de la ONU

Una imagen de la central nuclear de Zaporiyia. EP

"El día ha llegado; la misión de apoyo y ayuda a Zaporiyia ya está en camino; debemos proteger la seguridad de las principales instalaciones nucleares de Ucrania y de Europa". Con un cierto aire de solemnidad, Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), ha anunciado este lunes el arranque de una de las operaciones más complicadas que jamás habrá emprendido la organización que encabeza desde su creación, allá por los años 50: la inspección de una planta atómica tomada militarmente por una potencia extranjera y convertida en escenario de combates y bombardeos, con el consiguiente riesgo de catástrofe nuclear. Pocas horas antes de iniciarse el viaje, Kiev ha acusado de nuevo a las fuerzas rusas de convertir la central en una base militar y aprovechar la circunstancia para bombardear con impunidad objetivos militares y civiles desde su interior.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha informado en las últimas horas que las fuerzas rusas allí estacionadas habían abierto fuego contra las poblaciones adyacentes, a sabiendas de que no habrá una respuesta contra un objetivo tan peligroso para el país. "Provocan e intentan hacer chantaje a todo el mundo", ha imputado el mandatario en su canal de Telegram, al tiempo que mostraba imágenes de bomberos apagando un incendio. Horas antes, el Ejército ucraniano había informado del bombardeo de nueve ciudades situadas en el margen norte del río. El Ministerio de Defensa de Rusia, por su parte, había acusado a las fuerzas ucranianas de bombardear las instalaciones con nueve proyectiles de artillería, aunque ha admitido que no se han producido daños y que los niveles de radiación eran normales. Según fuentes rusas, un dron, un avión no tripulado ucraniano, fue derribado por las fuerzas antiaéreas estacionadas en la central.

La misión de la OIEA tiene como objetivo mejorar la seguridad y evitar en la medida de lo posible su utilización como moneda de cambio en el conflicto armado. Los inspectores entrarán en Zaporiyia desde Kiev y no desde Crimea, tal y como Rusia pretendía. Deberán emitir un informe, que ya mismo está siendo cuestionado desde Moscú por la portavoz del Ministerio de Exteriores, Maria Zajárova. "Las conclusiones del trabajo de esta misión deben ser objetivas", ha advertido.

Intercambio de reproches

Pese al intercambio de reproches y acusaciones entre el bando ruso y ucraniano en torno a los sucesos en la central, sí es posible establecer algunas certezas. De acuerdo con The Insider, una publicación de investigación, Rusia ha convertido a la central en una base militar, donde al menos han sido desplegados cinco centenares de militares, baterías antiaéreas y equipamiento de reconocimiento radioquímico. Además, convoyes militares rusos se detienen en sus inmediaciones e introducen en las instalaciones mercancías sospechosas, especulando que podría tratarse de municiones. Y desde esta posición, bombardea poblaciones localizadas en el margen norte del río Dniper, en concreto la localidad de Nikópol.

Medios como la BBC o 'The Grid' han difundido informaciones de lo que está sucediendo en el interior de la central basándose en fuentes anónimas del personal ucraniano al cargo de las instalaciones. Y éstas hablan de empleados y soldados ucranianos desaparecidos o torturados en los primeros días de la ocupación, mientras que el resto del personal es tratado como prisioneros de guerra y sus comunicaciones son monitoreadas. "No es posible para nosotros llevar a cabo nuestras obligaciones", aseguró un trabajador de la planta que rehúsa revelar su apellido.

El incidente más serio desde el inicio de la ocupación se produjo hace escasos días, cuando un incendio malbarató la última línea eléctrica que suministra energía a las bombas de enfriamiento que impiden que el combustible nuclear se sobrecaliente, obligando a los generadores diésel a activarse de inmediato y a desconectar a los dos últimos reactores en funcionamiento. "El mundo debe entender qué tipo de amenaza es ésta; si los generadores no hubieran funcionado, entonces estaríamos afrontando las consecuencias de una catástrofe radioactiva", ha recordado el presidente Zelenski.

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