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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Conflicto en Etiopía

La ruptura de la tregua en Tigré sentencia a la población a la hambruna

La semana pasada, el Gobierno etíope y los rebeldes de Tigré rompieron la frágil tregua que declararon el pasado marzo en la guerra que libran desde 2020

Desplazados internos alojados en una escuela secundaria de Mekelle, en Tigray. OIM ETIOPÍA

Vivir en Tigré, al norte de Etiopía, es hoy en día prácticamente una condena a muerte. La peligrosidad de la guerra que allí se libra y la volatilidad de los periodos de relativa calma han dejado a más de seis millones de tigrinos sin la más mínima esperanza. La región se encuentra cerrada para los cooperantes y es muy poca la ayuda humanitaria que consigue llegar a la gente. El pasado miércoles el Gobierno etíope y los rebeldes de Tigré rompieron la frágil tregua que declararon el pasado marzo en la guerra que libran desde 2020. El viernes, los bombardeos del Gobierno sobre zonas civiles de la capital de la región, Mekele, acabaron con la vida de al menos cuatro personas, dos de ellas niños.

La región vive incomunicada con el exterior, y sometida a un régimen de maltrato constante llevado a cabo por un Gobierno central etíope convertido en verdugo con apoyo de su vecino eritreo. El 85% del sistema sanitario ha sido destruido o está inutilizado, los bancos están cerrados, el dinero de los ciudadanos bloqueado, no llegan medicamentos ni alimentos, y la única forma de sobrevivir para muchos jóvenes es alistarse al ejército, explican fuentes que operan en el terreno pero rehúsan ser identificadas por miedo.

El hambre es el principal drama y la epidemia que está costando la vida a miles de personas. El estallido de la guerra en la primavera de 2020 impidió a los agricultores sembrar sus campos y la seguridad alimentaria es hoy en día una utopía. La mitad de las mujeres embarazadas o lactantes de Tigré están desnutridas, así como un tercio de los niños menores de cinco años, lo que provoca retraso en el crecimiento y muerte prematura, según un informe publicado la semana pasada por el Programa Mundial de Alimentos.

Región "enemiga"

El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, que fue Nobel de la Paz en 2019 por su promoción de las negociaciones para poner fin a la guerra con su vecina Eritrea, designó como "enemiga" a esta región tras varios desencuentros con el gobierno local tigrino. Desde entonces, la población vive sometida a unas durísimas condiciones. Asesinatos, violaciones y torturas dejaron un reguero de sangre tras de sí que no deja de crecer. Ahora, las Fuerzas Armadas del Frente Popular de Liberación de Tigré (FPLT), partido que gobernaba la región cuando estalló el conflicto armado, han acusado al Ejército de lanzar una "amplia ofensiva" en el sur del territorio tigrino con el apoyo de tropas especiales y milicias de la vecina región de Amhara.

Tras un asedio que duró casi un año, los convoyes humanitarios empezaron a entrar de nuevo en la región en abril, pero los trabajadores humanitarios tienen dificultades para distribuir los alimentos. El número de personas que los necesitan ha aumentado hasta el 89%, y los que tienen necesidades "graves" han pasado del 40% en enero a casi un 50%. Actualmente son muy pocos los proyectos de ayuda humanitaria que perduran en esta castigada región a lo que hay que sumar una tremenda sequía y una epidemia de hambre que la hace todavía más vulnerable. Más de 5,5 millones de personas están sufriendo altos niveles de inseguridad alimentaria aguda y ni tan solo ACNUR y la Cruz Roja consiguen llevar los cargamentos de alimentos a la región.

"La desnutrición infantil es cada vez más grave y miles de personas tuvieron que huir como desplazados hasta Mekele, la capital regional donde la situación no es distinta", aseguran fuentes de la organización Iniciatives Solidaries. El Padre Ángel Olarán, un misionero vasco de 84 años, es uno de los pocos que sigue prestando su ayuda en la región. Desde su fundación explican que tan solo consiguen ponerse en contacto con él un par de veces al mes y que el apoyo, desde el extranjero, resulta casi imposible.

Supervivientes del ataque aéreo del Ejército etíope reciben tratamiento en un hospital de la localidad de Dedebit, situada en la región etíope de Tigray.

Ayuda humanitaria casi nula

Para organizaciones de mayores dimensiones, como ACNUR o la Cruz Roja, la situación no es muy distinta, pero sí algo más esperanzadora. "Estamos trabajando en Tigré a través de las delegaciones locales que tenemos y lugareños", explica a este periódico Alyona Synenko, la portavoz regional de África del Comité Internacional de la Cruz Roja. "Cuesta hacer llegar la ayuda, pero últimamente hemos conseguido llevar camiones y aviones con recursos. Cuando el conflicto se activa, el tránsito en la región se complica mucho", explica Sanyenko. Otras oenegés ni siquiera operan. Es el caso de Médicos Sin Fronteras, que se vio obligada a abandonar la zona tras el asesinato de la cooperante española María H., que fue asesinada junto a otros dos colegas etíopes, todos empleados de la oenegé. Crimen por el que todavía no se han establecido responsabilidades.

La gasolina en la región de Tigré alcanza precios estratosféricos, por lo que el transporte se limita a unos pocos minibuses y a los escasos vehículos humanitarios. Los hospitales fuera de la capital, Mekele, no tienen electricidadmedicamentos ni recursos para atender a sus pacientes. "Al principio nos centramos en tratar de suministrar energía a los hospitales, porque las interrupciones eléctricas impedían que se pudiera atender a los pacientes", rememora la portavoz.

Un cooperante con ciudadanos de la región de Tigré. MSF

Trabajos sexuales

A falta de ayuda y de servicios bancarios, la población depende en gran medida del dinero de sus familiares y amigos en el extranjero para sobrevivir, pero las autoridades tigrinas han impuesto restricciones a las remesas, y se han intensificado las medidas contra los contrabandistas que introducen dinero en los puestos de control. Tanto es así la situación que algunos informes del interior de Tigré afirman que "muchas mujeres y niñas se ven obligadas a recurrir al trabajo sexual para sobrevivir, mientras que otros sugieren que ha habido un aumento de los suicidios", publicó esta pasada semana The Guardian.

Desde la Cruz Roja, aseguran que la desesperación y necesidad a la que se ven sometidas muchas mujeres que lo han perdido todo, así como sus familias, las lleva a este tipo de acciones. "Nosotros lo estamos tratando como violencia sexual y tratamos de ayudar a las mujeres a conseguir los recursos de otro modo, a que no estén solas", asegura Sanyenko. La violencia sexual es común en los conflictos y provoca una doble victimización de las mujeres ya que además, tiende a estigmatizarlas.

La semana pasada, los enviados de la UE y de Estados Unidos instaron al Gobierno etíope a reanudar rápidamente los servicios y a levantar las restricciones sobre el combustible, esenciales para la distribución de la ayuda. Esta misma semana, tras la ruptura de la tregua, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió un cese inmediato de la violencia y una vuelta al diálogo que parece que tardará en hacerse efectivo.

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