Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Fallece Atilano de la Torre del Castillo, ejemplo de bondad y discreción que dejó huella en quienes le conocieron

Su hermana, Susana de la Torre, le dedica un emotivo obituario

Obituario Atilano de la Torre del Castillo

Obituario Atilano de la Torre del Castillo / LP/DLP

Susana de la Torre

Querido Ati: 

Mi querido hermano Ati. Y al nombrarte así, como siempre lo hicimos, con ese cariño sencillo y profundo, ya dice mucho de ti. Porque no fuiste solo un nombre, fuiste una forma de estar en el mundo. Eras, ante todo, una buena persona. De esas que no hacen ruido, pero que sostienen. De esas que no buscan protagonismo, pero dejan huella. Eras educado en el sentido más noble de la palabra: respetuoso, considerado, atento con los demás. Tu trato era siempre amable, siempre correcto, siempre humano. Hablabas en voz baja, porque entendías que no hacía falta elevar el tono para ser escuchado. Y en esa delicadeza había una enorme fuerza interior. Nunca hablabas mal de nadie. Y eso, en los tiempos que vivimos, es casi una forma de sabiduría. Tu corazón siempre fue generoso. Eras caritativo sin necesidad de decirlo, sin exhibirlo. Ayudabas porque sí, porque te nacía, porque estaba en tu naturaleza.

Tu bondad no era un gesto, era una forma de ser. También fuiste profundamente creativo. Tus manos sabían hacer. Montabas ordenadores, reparaba bicicletas antiguas, les daba una nueva vida a todo lo que caía en tus manos, como si intuyeras que en cada cosa había algo que aún podía ser rescatado, reconstruido, transformado. Tenías ese don silencioso de devolver utilidad y belleza a lo que otros daban por perdido. Y fuiste amigo de sus amigos. Leal, presente, cercano. De esos que no fallan. De los que siempre están. Ati no necesitaste imponerte para ser importante. No necesitaste alzar la voz para ser escuchado. No necesitaste destacar para ser único. Tu vida fue discreta, pero profundamente valiosa. Hoy sentimos tu ausencia, pero también nos queda todo lo que fuiste: tu bondad, tu delicadeza, tu manera de mirar el mundo sin juicio, tu forma de ayudar sin pedir nada a cambio.

Y yo me quedo observando como la vida en ocasiones se oscurece como el luto. Me empuja y me arrincona. Me pone prueba. Me asusta. Me lleva hasta el fondo. No sabe de ternura. Me obliga a recorrer mis sombras sin compasión. Y es aquí donde miro de frente a mi soledad, a mis miedos, a mis fobias y me sorprende cuando descubro que es ahí donde está mi poder y mi salvación. 

Gracias, Ati. Por tu forma de ser. Por tu ejemplo silencioso. Por todo lo que diste sin hacer ruido. Vuela alto, querido hermano.

Tracking Pixel Contents