Redacción

Hace 39 años nadie buceaba frente a la Punta de Jinámar. En el fondo marino solo se podía encontrar una vasta extensión arenosa sin vida. El 23 de abril de 1978 un buque frigorífico llamado 'Arona' se hundió allí tras varias explosiones en su sala de máquinas.

El barco cayó durante 35 metros hasta toparse con el lecho marino, donde quedó tumbado sobre la costa de estribor. Décadas después se ha convertido en un oasis en medio de la inmensidad arenosa. Un vergel repleto de fauna y flora marina inimaginable.

Las rutas que se pueden realizar en torno al barco son variadas. Bucear sobre la parte más próxima a la superficie implica descender hasta unos 20 metros de profundidad. El buque, que mide unos 100 metros de eslora (96,70), se puede recorrer desde la popa a la proa por su interior, aunque no se trata de un chapuzón para principiantes: este tipo de inmersiones requieren formación especializada.

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Las explosiones que llevaron al 'Arona' al fondo de la Punta de Jinámar, a unos 1.100 metros de la costa, cuando volvía al Puerto de la Luz y de Las Palmas para ser reparado tras una primera serie de deflagraciones, abrieron varios puntos de acceso a las bodegas.

Pese a que el interior es variado y una inmersión por su interior es excitante, ver el exterior del 'Arona' es más que suficiente para vivir una grata experiencia. En los alrededores del buque se pueden ver grandes bancos de peces, e incluso algún que otro tiburón martillo. Y tanto el interior de esas bodegas como su fondo, a 35 metros de profundidad, ofrecen auténticos tesoros de contemplación de fauna submarina, por no mencionar los corales y anémonas que han convertido en su hogar toda la superficie del barco, convirtiéndolo en una explosión de color.

El periodista Borja Valcarce escribió por primera vez sobre este oasis del buceo en mayo de 2013 en LA PROVINCIA / DLP