Le falta, por encima de todo, destreza y pericia narrativa para crear el clima de intriga y de tensión que pretende, de modo que sus afanes por poner en vilo al espectador no alcanzan casi nunca la temperatura idónea. Son errores que se unen a una trama poco brillante y un tanto difusa que impiden que la cinta alcance sus principales objetivos.

Tampoco la interpretación, con un Liam Hemsworth -el hermano de Chris, popular por incorporar al superhéroe Thor-, que no denota apenas la angustiosa experiencia que está viviendo, superado por dos veteranos, Gary Oldman y Harrison Ford, que sin rememorar sus mejores trabajos sí consiguen, al menos, que el espectáculo no se derrumbe por completo. Porque salta a la vista que este thriller se resiente a menudo de su laberíntico argumento y que ni en el plano de la acción, restringida a una parte final que repite una vez más el juego del gato y el ratón, ni en el romántico, con una historia de amor bastante sosa, funciona como debiera.

El director australiano Robert Luketic, con una filmografía dividida entre la comedia y el thriller, sigue sin poder redondear su labor. El libro de Joseph Finder que ha servido de base nos traslada al universo de la alta tecnología de la telefonía móvil en donde dos grandes empresas, regidas por dos magnates que fueron compañeros tiempo atrás pero que ahora han llevado la competencia a niveles frenéticos, se empeñan en hacerse con la supremacía del mercado.

Es en este marco en el que se introduce Adam Cassidy, un joven inteligente y bien parecido de 27 años que aspira a triunfar en el mismo seducido por su afán de no quedar relegado al estado de un padre que pasa por serios apuros económicos. Conseguirá entrar en una de esas compañías embriagado por el lujo y el bienestar, con un futuro que no puede ser más prometedor. Pero tendrá que hacer de espía corporativo, infiltrándose en la otra para obtener la información clave que requiere su jefe para hacerse con la hegemonía del sector. Un tema tan delicado y peligroso que conlleva la intervención del FBI.

A pesar de que el relato va de menos a más, se echa en falta una mayor vitalidad en el ritmo y en la tesitura del protagonista, lo que conduce a que el «mensaje» que se trata de defender, condenando la codicia y el desmedido deseo de lucro y reivindicando la dignidad del padre de Adam, sea harto forzado y sumamente tópico.