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A fondo

Víctor Lugo, el hombre que susurra al café de Agaete

Más allá de su indiscutible carisma, el anfitrión de la inmensa finca lidera un proyecto familiar cargado de sentimiento

Víctor Lugo, en la finca.

Víctor Lugo, en la finca. / LP / DLP

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José Luis Reina

José Luis Reina

Agaete

Nos recibe sonriente Víctor Lugo en el espacio de la finca destinado a que coches y guaguas turísticas abarroten un oasis de paz en el bucólico Valle de Agaete, con las montañas sagradas de Gran Canaria como testigos de honor. Allí el mayor reclamo es ese café único, el más septentrional del mundo; pero cuando uno se adentra de lleno en La Laja, entiende que aquello es mucho más que café.

Es temprano, la mejor opción para charlar con calma antes de que empiecen a llegar las guaguas cargadas de visitantes con ganas de conocer, probar y comprar. Lugo, un día más, está pletórico. No había pasado mucho desde mi última visita, cuando fui a probar la propuesta gastronómica de Aridani Alonso en Casa Romántica, antes de que recibiera ese celebrado sol Repsol.

Lugo, con una variedad de quesos.

Lugo, con una variedad de quesos. / LP / DLP

Pero ahora el motivo era otro. Nos interesaba captar la esencia de la finca, conocer las anécdotas familiares, descubrir los procesos de la elaboración de ese café premium con fama mundial, y, sobre todo, nos interesaba escuchar a Víctor, o Vicky, como lo llaman los amigos, el orgulloso vecino de Agaete que asumió el legado familiar con una madurez admirable.

Pasado, presente y futuro

Él siempre recuerda que sus héroes son sus padres, Inocencio y María del Carmen, la jefa. Esa mañana, la de este reportaje, Inocencio anda de un lado para otro en la finca, ofreciendo su sabiduría probada a los profanos visitantes que acaban de llegar. Padre e hijo, Inocencio y Victor, explican ante la cámara uno de los procesos finales del café, antes de empaquetar. La sonrisa de ambos transmite una ilusión casi de novatos, aunque lleven, sobre todo Inocencio, toda una vida dedicada al campo, a sus productos, y a luchas pasadas donde todo era más duro.

Inocencio, padre de Víctor.

Inocencio, padre de Víctor. / José Luis Reina

La empresa familiar tiene ahora cuatro pilares clave: la gasolinera del pueblo; la finca La Laja; el restaurante Casa Romántica y toda esa maquinaria turística que mantiene muy vivo, y rentable, este proyecto. Una de las obsesiones actuales de Víctor ahora, además de conseguir la primera estrella Michelin para el norte de Gran Canaria, es la de concienciar a la nueva generación familiar, la encargada de continuar con el legado, que el camino hasta aquí no ha sido fácil, ni mucho menos. Que el éxito del futuro pasa por conocer el pasado, "saber de donde venimos para tener claro a donde vamos", como siempre apunta.

Con estudios en Comercio Internacional y Marketing, Lugo es catador profesional de cafés, vinos y quesos. Tres productos muy reconocibles y arraigados a la finca. Desde la bodega Los Berrazales, ubicada en La Laja, hasta las frutas tropicales, el afinamiento de quesos, o esos heroicos cafetales de la variedad typica (arábica). Ahora, con la llegada del verano, todo se llenará de mango, aguacates o maracuyá, productos que tendrán protagonismo en el nuevo menú de Aridani Alonso.

El café, la joya

Tras la breve ruta por los espacios más personales de la finca, Lugo nos lleva a pasear entre los cafetales, pulmón inequívoco del oasis en el valle. Allí se cultiva una de las variedades más antiguas, originarias de Etiopía, y su cultivo aquí es un milagro diario. Un objeto de deseo, un valioso placer. Para sacar un kilo de este café exótico, se necesitan siete kilos de la cereza del café. "¿Cómo va a ser cara esta joya?", le pregunto. Lugo sonríe. "La gente que no lo conoce no se imagina el trabajo que hay detrás de una taza de café de Agaete. Es un motivo de orgullo, más bien".

La lógica, si pudiera decidir, impediría este cultivo aquí. Es una planta que necesita unas condiciones climatológicas muy específicas: climas cálidos, tropicales y húmedos. Pero aquí, a pesar de la baja altitud, los cafetales llevan más de un siglo, adaptándose desafiantes a estas condiciones. Creciendo junto a las frutas tropicales, y aprovechando el desafío y la excepción del valle para mantenerse a la temperatura perfecta. Un caso de estudio.

El café de Finca La Laja.

El café de Finca La Laja. / LP / DLP

Cada vez que Víctor se cruza con un empleado de la finca, le dedica un cariñoso saludo, una broma, una sonrisa, eterna. Su carisma no es de cara a la galería. Persona muy querida en Agaete, reconoce que le sería muy fácil darle la espalda a su pueblo y a su gente, y dedicarse a ganar dinero fácil sin crear identidad ni territorio. Algo que jamás se ha planteado. "Mi éxito debe ser el éxito de Agaete, de sus gentes. Esta finca es un homenaje a Gran Canaria, desde luego. Y la internacionalización del café es también la internacionalización de mi Agaete. Esta idea es la principal motivación para seguir adelante".

Por si fuera poco todo lo anterior contado, el último gran reto de Lugo no está en la tierra, sino en la sala. Es tal su convicción en el éxito de su restaurante, que se ha convertido en el jefe de sala de Casa Romántica. Nadie mejor, claro. Pero es sin duda un síntoma de algo que queda claro desde el principio: este proyecto trasciende mucho más allá del negocio. Es una obra vital.

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