A fondo
Así fue la gran fiesta del atún rojo en La Restinga (El Hierro)
El venerado producto del mar deleitó al público asistente, que pudo comprobar cómo se ronquea un atún de casi 200 kilos de peso

Juan Carlos Clemente, explicando el ronqueo. / LP / DLP

El día estaba especialmente caluroso, y la necesaria brisa marina decidió tomarse la jornada libre, por lo que esos recovecos de sombra se convertían en privilegiados espacios para disfrutar al máximo del I Festival del Atún Rojo de La Restinga, en El Hierro. El éxito fue abrumador, desde la apertura del evento, a las 12.00 horas, hasta el final de fiesta, pasada la media noche, verbena incluida.
Era sábado, y la avenida del pequeño enclave costero de la Isla lucía especialmente festiva. Las casetas gastronómicas ultimaban sus preparaciones, todas en base al atún rojo, y la avalancha inicial fue tal, que los propios restauradores se quedaron gratamente sorprendidos por la gran demanda, acabando casi con las existencias de atún antes de lo previsto. Había ganas, claro. El festival arrancó con la proyección del documental El Moncho II: vivir cada día, y continuó, ya por la tarde, con los talleres infantiles, también repletos.

La expectación durante el ronqueo fue máxima. / LP / DLP
Mientras, entre tapa y tapa, los presentes se tomaban un respiro para darse un bañito en las tranquilas aguas, impolutas. Así de idílica transcurría la jornada, mientras se preparaba el plato fuerte, el ronqueo del atún rojo, que iba a tener como protagonista a una pieza de unos 200 kilos, y al mayor especialista en la materia, el genial cocinero Juan Carlos Clemente. Unos seis hombres tuvieron que esforzarse al máximo para sacar al precioso atún del transporte y ubicarlo frente al público, que se agolpaba justo delante del escenario y la gran pantalla. Nadie quería perdérselo, y la ovación que recibió el pescado cuando por fin lograron acomodarlo daba buena muestra de ello.
Un ronqueo cargado de emoción
Allí esperaba el cocinero -y artesano de los túnidos- Juan Carlos Clemente, que fue explicando el despiece con la claridad habitual. En el escenario lo acompañaba David Pavón, figura relevante en el sector pesquero, además de admirado vecino de La Restinga. Entre ellos, uno desde la visión del mar y el otro desde la visión de la cocina, daban una lección magistral, para deleite de los presentes, que interrumpían cada cierto tiempo para aplaudir, preguntar e incluso soltar alguna lágrima, cuando se mencionaba a pescadores locales.

El público participó activamente. / LP / DLP
Los primeros lomos del atún se fueron rápidamente a las casetas, pues la demanda no paró en ningún momento. Entre los que ofertaban creaciones gastronómicas estaban Arabisen Quintero y Lorena Machín, propietarios de Casa Juan, restaurante de referencia en la zona. Ellos se multiplicaron, pues también servían de apoyo a Clemente en el arte del ronqueo, que va mucho más allá del simple hecho del despiece; es un ritual de estética impactante y con un arraigo costero emocionante.
Las diferentes partes del atún se iban colocando en una mesa, mientras el autor del despiece explicaba las virtudes de cada corte. De ese pescado, con esa técnica, se aprovecha absolutamente todo, hasta los ojos. Algo que le daría mucho más valor del que tiene ahora, según explicó Clemente. "Si en lugar de vender el atún rojo como si fuera una única pieza se vendiera de esta manera, en la que el comprador pudiera elegir la parte qué más le guste, su valor en el mercado se multiplicaría".

Inicio del ronqueo. / LP / DLP
Fue también un acto reivindicativo, donde Pavón hizo un recorrido histórico por el arte de la pesca artesanal y sostenible, donde El Hierro da una lección diaria. Se habló de temas clave como el relevo generacional, el estado del sector, la burocracia a la que se enfrentan los pescadores, o el indiscutible cambio de tendencia en la llegada de los atunes a este lado del Atlántico, donde este año es un bien escaso en comparación con años anteriores. Los atunes han llegado más tarde de lo habitual, se ha pescado mucho menos y el máximo de la cuota permitido está muy lejos de cumplirse. Un punto de inflexión o un ciclo negativo, ya veremos.

Las diferentes partes del atún fueron presentadas. / LP / DLP
La jornada festiva, tras el éxito del ronqueo, terminó con un concierto y más cocina. La Restinga respiraba feliz. Jóvenes, mayores, vecinos y visitantes, muchos de otras islas, se unían en torno a la pesca, a la tradición local y al deseado atún rojo. Esta primera edición sirvió para intercambiar conocimientos, crear debate, mirar al futuro y comprobar la nobleza y calidad de este producto. También para potenciar a los negocios locales, e insistir en la importancia de no darle la espalda al mar, porque el consumo de lo que nos da es también el alimento de tantos hombres y mujeres que salen cada mañana a pescar.
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