Restaurantes
De Ciudad de México a Vecindario: así es el mejor mexicano de Gran Canaria
Con Ivonne González al frente del negocio y de la cocina, el restaurante La Mexicana es producto de una admirable historia de superación

Ivonne González, en el interior de La Mexicana. / José Luis Reina

El año 2004 marcó para siempre la vida de Ivonne González. Lo que iba a ser una placentera tarde de cine en su ciudad natal, Ciudad de México, se convirtió en una terrible pesadilla que marcaría el resto de sus días. Se dirigía a tomar un refresco antes de entrar a la sala, cuando de repente se vio envuelta en una lluvia de balas, un tiroteo fatídico que la alcanzó de lleno. Esa dichosa bala perdida que impactó en su mano izquierda, destrozándosela, marcó un punto de inflexión vital.
Responsable de Recursos Humanos en una empresa local, su rutina desde ese día cambió radicalmente: la rehabilitación, las cirugías y ese recuerdo pasaron a formar parte de una vida que ya se orientaba a dar un giro total. "No quería que mis hijos vivieran esa realidad tan violenta, y salió la oportunidad, en el año 2006, de irnos a trabajar a China, donde estuvimos cuatro años", relata la cocinera de La Mexicana.
Rumbo a China
Había ido a parar al gigante asiático junto a su marido por aquel entonces, y sus hijos. Con las maletas llenas de ilusión y un mundo nuevo que descubrir, lo cierto es que la felicidad en tierras lejanas no duró mucho, pues el matrimonio terminó de manera inesperada, al otro lado del mundo. No fue ese motivo para la rendición, claro. Y ahora que iremos conociendo a Ivonne González, comprobaremos que suele desafiar a las adversidades con un coraje heroico.

Equipo de cocina que acompañó a Ivonne en China. / LP / DLP
Volvió a hacer las maletas, y junto a sus hijos puso rumbo a Shangái, la ciudad más poblada de China y una de las más grandes del mundo. Allí conoció a una compatriota, que manejaba un grupo hostelero de cierto éxito. Ivonne, aprovechando sus conocimientos y experiencia en México, pasó a llevarle la contabilidad y a gestionar los recursos humanos de la empresa, ampliando su círculo en una ciudad de con gran presencia hispana. "Un día, la jefa se quedó sin personal de cocina y me pidió si podía hacerme cargo hasta que la situación se normalizara; ahí empezó mi relación con la gastronomía desde este punto de vista, pues mis conocimientos de cocina eran los propios de una ama de casa", recuerda.
De la oficina a la cocina
A partir de ahí, y ante el indudable talento que demostró en los fogones, Ivonne se hace cargo del catering del grupo para el que trabajaba, que funcionaba muy bien. "Pasó todo muy rápido, pasé de la oficina a la cocina del restaurante y de ahí a gestionar y crear la oferta de un catering ya consolidado en la ciudad. Era muy valorado por la comunidad hispana, y hacíamos muchos eventos. A través de ese catering me ofrecieron entrar como jefa de cocina en un restaurante de Shangái, algo que acepté, pues me enamoré del oficio".

La cocinera mexicana, durante la entrevista. / José Luis Reina
Allí, en ese restaurante donde ejercía de cocinera, un día entró a comer un grancanario, Ángel Hernández, hoy su marido. "Comenzamos una relación en un momento en el que mis hijos se querían ir ya de China. Una a Australia, el otro a México... y me quedé yo con el más pequeño. En ese momento, además, Ángel tenía previsto regresar a Gran Canaria". El resto es historia. El amor que nació en China siguió en la Isla, aunque el comienzo no fue fácil. "Pedí trabajo en todos los restaurantes mexicanos de la Isla, pero me cerraron la puerta por mi discapacidad", confiesa González, en referencia a la bala perdida que le destrozó la mano.
El éxito en Gran Canaria
Algo, por supuesto, que no le hizo tirar la toalla, ni mucho menos. Tras seguir formándose e incluso haciendo prácticas laborales en una reconocida clínica de la Isla, en el año 2017 decidió dedicarse íntegramente al primer restaurante que había montado junto a su marido, Ángel. "Lo arrancamos con poco dinero, pero con mucha ilusión. Y fue un gran éxito. Llenos totales, buenas críticas... fue la recompensa a tanto trabajo". En ese momento, ella ya estaba a pleno rendimiento como jefa de cocina y Ángel Hernández como jefe de sala. Fue tal el éxito, que en el año 2021 dieron el gran salto al actual local (Av. de Canarias, 32), donde han conseguido recrear un pedacito de México en Gran Canaria.

Ceviche de lubina. / José Luis Reina
Su oferta gastronómica pura, sin artificios, traslada al comensal a México sin moverse de la silla. Todo lo elabora ella, desde el picante -cuenta con sus propias plantaciones- hasta las tortillas con las que elabora sus gloriosos tacos. En mi última visita pude probar el ceviche de lubina, siguiendo su recomendación, y me pareció un bocado excepcional. Nachos, quesadillas, sartencitos, enchiladas, chimichangas, sopesitos, ese adictivo guacamole... Ella tiene un talento descomunal. Y un mérito mayor. "En Gran Canaria encontré mi hogar, me ha dado mucha tranquilidad", comparte.
Y antes de despedirse, un último mensaje. "A toda esa gente que tiene una discapacidad, que luchen, y sigan luchando. Pueden conseguirlo". Así es La Mexicana de Vecindario, valiente, generosa y un gran ejemplo.
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