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Ensayo de un camarero

"Nuestro restaurante no puede ser el patio del colegio ni la zona de juegos infantil"

El que no se ha escondido tiempo ha tenido, y es que las vacaciones escolares han empezado, y ya se nota como empiezan a abordarse las salas de los restaurantes de niños, tronas, gritos y algún que otro juguete rodando entre las mesas

Una mesa de niños en un restaurante.

Una mesa de niños en un restaurante. / LP / DLP

José Miguel Sánchez

José Miguel Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

Estoy seguro que más de un compañero o compañera de sala se va a sentir identificado con esas situaciones donde más que camareros parecemos nanis cuidando de los pequeños infantes. Muchas veces se nos nota en el semblante, en estas temporadas de restaurantes repletos, calor y algarabía, lo que menos apetece al equipo es enfrentarse a ciertas situaciones que impiden el normal o lógico desarrollo del trabajo de sala. Y es que hay comedores de restaurantes que quizás no son los más adecuados para visitar con niños pequeños.

A lo que voy es que nuestro lugar de trabajo no es el patio del cole o el jardín de tu casa. Por supuesto que son niños inocentes corriendo por el restaurante, entre mesas y comensales, con sus juguetes por el suelo, encima de los sillones con los zapatos puestos, pintando manteles o haciendo experimentos con la comida y el refresco, potingues dignos de un trabajo de química que luego habrá que limpiar.

Camareros en plan Mary Poppins

Pero, ¿acaso el cliente de al lado tiene que aguantar a tus retoños? ¡Y nosotros! ¿Debemos hacer malabares para que la bandeja cargada de copas y botellas o los platos que ya de por sí tienen un peso considerable no caigan sobre la inocente cabeza de tu hijo? Y es que los niños no son conscientes de la incomodidad que supone trabajar esquivándolos o aguantando sus gritos en un comedor, ellos “son tan solo niños”. Son los padres, pobres y fatigados, que durante todo el verano no saben que hacer ya, ni dónde meterlos ni qué darles de comer. Nótese mi empatía, pero no podemos ocupar un papel, el de Mary Poppins, que no nos corresponde.

Padres pasotas

La realidad que pretendo acercar no es la de unos niños maleducados, que a veces también ocurre, sino la de unos padres pasotas, que pretenden que el camarero los vigile, los entretenga o incluso esperan que los demás clientes toleren los juegos, gritos o la musiquita de la tablet a todo volumen. Claro, el camarero es un antipático, “ya verás cuando tengas hijos, ya te tocará”. Quizá yo a mis hijos no los llevaría a un restaurante donde el tipo de local no es el más adecuado para llevar niños, bien por el tipo de comida, ambiente o espacio físico. Sin embargo, estoy seguro que hay ciertas conductas infantiles que ningún comensal permite es su casa pero que está dispuesto a pasar por alto cuando la casa es de otro.

Cierto es que muchas veces los padres no pueden evitar que los hijos se aburran y es normal, se les ve agobiados con la situación e incluso sobrepasados, en ese momento cualquier ayuda es buena, incluso la del camarero, el cual normalmente siempre echa una mano; pero hay que mantener unos límites de coherencia y educación hacia el trabajo del personal y el disfrute de los demás clientes cosa que no siempre ocurre. Por la salud emocional de los que trabajamos en sala, esperemos que estas actitudes vayan superándose y aprendamos empatizar con el servicio y el trabajo de los que este verano estamos al pie del cañón.

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