A Fondo
La silenciosa revolución china en los bares de Las Palmas de Gran Canaria
El cambio a manos chinas del histórico bar La Eminencia es sólo una muestra más de una tendencia ya consolidada en la capital

Exterior del bar La Eminencia. / José Carlos Guerra

Crea cierto impacto inicial, desde luego. Ese bar de toda la vida, establecimientos de barrio con sus clientes, rutinas, tapas y camareros que llevan media vida detrás de la barra. Esas banales conversaciones mañaneras, o las más profundas de la noche. Bares que son testigos del desarrollo de los barrios donde se ubican, refugios donde varias generaciones han sido atendidas, siempre bajo una misma propiedad y, en una gran mayoría de casos, también con los mismos profesionales.
Y, de repente, de la noche a la mañana, donde antes estaba Pepe ahora está Xin. Los parroquianos acuden a ese primer día de la nueva etapa asiática con cierto temor, entran tímidamente, la nostalgia les invade. Hasta que, pasado unos días, siguen siendo clientes de Xin y su familia, porque los nuevos propietarios de su bar de siempre les atienden igual o mejor, echan las mismas horas o más, y por allí, por regla general, la vida sigue igual.
En el bar Los Gofiones, en la calle del mismo nombre ubicada en La Puntilla, la familia china que regenta el local, de mucho movimiento, saluda alegremente a cada cliente por su nombre cada mañana. Aquí no se para, ni en la terraza ni dentro, desde que abren a primera hora, sobre las seis de la mañana, hasta el cierre, sobre las diez de la noche.
Punto de encuentro de numerosos vecinos de la zona, los desayunos y los almuerzos son horas punta donde elegir desde los contundentes bocadillos de siempre hasta los menús del mediodía, pudiendo elegir, claro, platos asiáticos, aunque todo el mundo pide platos más reconocibles de cocina tradicional, o cualquiera de las tapas que ofrecen a diario.
Lo mismo ocurre en el bar Galdós, en Mesa y López, regentado por la familia Chen, una más en el barrio. El servicio, muy eficaz, atiende rápidamente a todas las mesas, y no son pocos los clientes que, aunque no paren en la terraza o en el interior para el correspondiente café, se para a preguntar a los Chen cómo va todo, preguntarles por los niños o, simplemente, desearles un buen servicio.
Bares de barrio
En casi cualquier barrio de la capital grancanaria ya tenemos a ese bar de confianza, ahora gestionado por empresarios chinos, que repiten un mismo patrón: son familias, se dividen el trabajo entre la cocina y la sala, y se ganan rápidamente el cariño de los clientes habituales, pues suelen coger bares de siempre, rodados y con una trayectoria de éxito. Lo de La Eminencia, en la calle Fernando Guanarteme, es la última de las noticias de una tendencia que no para de crecer en Canarias, con especial presencia en Gran Canaria.
Claro que esta tendencia da lugar a multitud de debates y no es del agrado de todos. Debate éste que no tiene mucho sentido, pues si esa familia china que se pone al frente de ese bar de siempre lo hace es porque, entre otras cosas, ha pagado un buen traspaso, ha aceptado las condiciones de los que allí estaban, y van a dedicarle muchas horas a su nueva empresa. Van a pagar los mismos impuestos, y si pueden, van a contratar a más gente.
Cabe preguntarse los motivos por los que son las familias chinas las que se están haciendo con el control de estos bares. En primer lugar, el eterno problema del personal hace que numerosos empresarios locales desistan de seguir luchando, pues o bien no encuentran mano de obra cualificada para ese puesto de trabajo, o bien se van de manera inesperada. O lo que es peor, coinciden varios de baja, lo que termina de rematar al pequeño empresario.
El relevo generacional
Este es un problema al que no se va a enfrentar la propiedad china, que repite la estrategia en cada bar: todos los miembros de la familia en edad de trabajar tiene su oficio ahí, no teniendo que depender de mano de obra externa a ese círculo de confianza. El otro gran problema de estos bares de toda la vida es el relevo generacional. El bar que pasa de abuelos a padres y de padres a... chinos. Porque la nueva generación ni se plantea meterse detrás de esa barra. Es un oficio extremadamente sacrificado, así que es de sentido común.
Esto, unido a otros factores como el aumento de los precios, desde la mercancía hasta los locales; los impuestos, que en muchos casos ahogan a los pequeños empresarios que no pueden esquivar más balas y factores externos como cambios en la tendencia de consumo hace que, casi de manera natural, estos traspasos se hayan convertido en normal general.
Cuando vayamos a unos de estos bares de barrio donde ahora se habla también chino, conviene recordar que esa familia ha invertido ahí sus ahorros con la ilusión de poder triunfar con su negocio; se preocupan por mantener, por regla general, una oferta gastronómica similar a la anterior, trabajan a destajo para atender la demanda y hacen los mismos malabares que los otros para intentar no subir muchos los precios y mantener así la clientela.
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