Ensayo de un camarero
Se acabó pagar por separado en la hostelería: una mesa, una cuenta
Cada vez son más los locales de restauración que van implantando ciertas normas en sus centros de trabajo

Unos clientes pagan la cuenta en un restaurante. / LP / DLP

Últimamente, nos encontramos, cuando entramos en los restaurantes, algunos carteles informativos tales como: “pago mínimo con tarjeta de 10 euros”; ese de “no se permite estar en la mesa un tiempo superior a 5 minutos con un café” o el de "consumo mínimo en terraza de 10 euros por comensal”. Y cuando hablas con el servicio te das cuenta de que todo tiene un porqué y una justificación más que razonable.
Y es que me da la sensación de que a veces algunos clientes que visitan los negocios de restauración no se dan cuenta que también aquí, en esta tipología de locales, hay que hacer un buen uso del servicio que se presta, igual que cuando vamos a un gimnasio, al cine, o en un simple vuelo de avión, cada uno de estos servicios tienen sus normas y habitualmente se respetan sin presentar ninguna queja, cosa que no siempre ocurre en la restauración.
En estas fechas estivales donde la afluencia en los restaurantes tascas y cafeterías es mayor, muchos han colgado aquello de “una mesa, una cuenta”, y esto también tiene su razonamiento. Lo que no tiene mucho sentido es que cuando una mesa pida la cuenta para pagar, el camarero o camarera tenga que estar diez minutos o más para cobrar esa mesa por separado. Esto empeora cuando le sumas que cada uno comió o bebió algo diferente al resto de comensales y quiere pagar solo lo suyo, y ya si le añades que unos quieren pagar con tarjeta y otros en efectivo, la cosa no termina por mejorar.
Una pesadilla para los camareros
Muchas veces los comensales no son conscientes de que el negocio no puede estar invirtiendo tanto tiempo en una tarea que no le corresponde, ya no es solo el tiempo que el camarero tiene que invertir en esa mesa, sino también que normalmente la caja registradora queda bloqueada con esa mesa hasta que finaliza cada uno de sus comensales de pagar su parte. Y para mas inri, casi siempre queda algo que apoquinar porque alguien se olvidó de que pidió un vino o una caña de más, algo que el restaurante acaba asumiendo.
Estamos hablando de una práctica generalizada que parece que toca a su fin. Cuando es una mesa de tres o cuatro comensales que pagan a partes iguales y todos con tarjeta sin necesidad de estar devolviendo a cada uno el cambio en efectivo no suele haber problema, pero normalmente no sucede así y esas mesas de seis a diez o quince comensales se convierten en una odisea para el servicio que se ve colapsado en sus tareas habituales.
No estaría mal tomar conciencia de esto y empatizar con este tipo de situaciones más que cotidianas, que impiden el normal funcionamiento de los locales que se dedican a la restauración. Siempre les quedará el Bizum o la clásica “pago yo y ustedes invitan a las copas”.
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