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Gastronomía

La Tabernilla de Rosi, comer papas arrugás «como en el salón de casa»

El restaurante lleva casi cinco años ofreciendo comida canaria casera con Rosi Pérez a los fogones y Sergio Manfredi a las mesas

Otros de sus platos estrella son la pata asada a la gallega, la ropa vieja de carne o de pulpo, el estofado de cerdo al caramelo o la tarta de la abuela

Martina Andrés

Martina Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

Rosi Pérez tenía cien euros en la cuenta del banco cuando abrió su tabernilla en la calle Doctor Miguel Rosas de la capital grancanaria. Se lo jugó todo a una carta: la de cumplir el sueño de abrir un restaurante propio en el que la gente se sintiera como en casa. Y lo consiguió. La Tabernilla de Rosi es hoy una realidad que está a punto de cumplir cinco años, un local acogedor de ladrillos blancos en el que te puedes acercar a la barra a charlar con su cocinera, donde las papas fritas tienen tamaños distintos -prueba indeleble de que fueron cortadas a mano- y la comida tiene sabor a infancia y a guiso de abuela.

«Aunque fueran dos ladrillos, quería que fuera mío». La cocinera y emprendedora canaria lo tenía bien claro después de haber trabajado para tantos jefes y jefas desde que, a sus 13 años, dio sus primeros pasos en el mundo de la hostelería.

Fue su pareja y mano derecha en la tabernilla, Sergio Manfredi, el que vio el cartel de «se alquila» en el local un día que venía de bañarse en la playa de Las Canteras.Y fueron la pasión y la decisión de Rosi las que hicieron que, entre tantas propuestas, la suya fuera la elegida por el propietario del espacio.

Rosi Pérez y Segio Manfredi en el interior del local.

Rosi Pérez y Segio Manfredi en el interior del local. / Andrés Cruz

El día de la inauguración, el seis de octubre de 2020, Rosi lloró de la emoción. Muchas fueron las voces que le insinuaron que estaba loca por empezar un proyecto así en plena pandemia, cuando la gente apenas había comenzado a salir a las calles y a ocupar las mesas de los bares. Pero también fueron muchas las personas que se acercaron a apoyar la iniciativa y a probar los platos que sus manos habían preparado con una mezcla de nervios, miedo e ilusión.

Mientras hace este viaje en el tiempo desde una de las mesas de la tabernilla, Rosi para de vez en cuando para saludar a las distintas personas que se acercan a su puerta, que no son pocas. A todos los recibe igual, con palabras amables y una sonrisa, ya seas el actor Luifer Rodríguez -«es cliente y familia aquí»-, la dueña de Puerto Astur o Mario, que trae en sus manos una bolsa llena de barras de pan.

Un grupo de clientes en la terraza de La Tabernilla de Rosi.

Un grupo de clientes en la terraza de La Tabernilla de Rosi. / Andrés Cruz

Durante seis meses, la tabernilla salió adelante únicamente con el sudor de su cocinera, que echaba allí jornadas interminables -desde las seis de la mañana hasta las dos de la madrugada-, ofreciendo desayunos, comidas y cenas. Pronto se dio cuenta de que echar tantas horas sola era inviable, así que dejó a un lado los desayunos y tiró de Sergio, su pareja desde hace más de quince años, para que le echara una mano. Y así se formó el equipo que hoy regenta el lugar, donde Ingrid, hija de Rosi, también pone su grano de arena.

«Yo al principio no sabía ni hacer un café o llevar una bandeja», recuerda Sergio. Nadie lo diría: la amabilidad y soltura con la que atiende a los grupos de clientes que rodean las mesas, parecen esconder toda una vida dedicada a ese trabajo. Y, aunque no es así, está claro que su punto fuerte es estar de cara al público, lo que, junto a los platos de Rosi, supone un tándem perfecto que consigue que este sueño no deje de rodar.

Los platos

Cuando Rosi alquiló el local, tuvo cuatro días para decidir los platos y abrir. Con amigos asesorándole para decidir los platos, creó una carta que reúne lo mejor de la cocina canaria con el toque original y siempre casero que le pone siempre a sus creaciones culinarias. La pata asada a la gallega, la ropa vieja de carne o de pulpo, el estofado de cerdo al caramelo, la tortilla o las papas arrugás son algunas de las propuestas que se pueden encontrar en su menú.

Para abrir boca, no pueden faltar las rebanaditas de pan tostado con el alioli casero de Sergio, constantemente alabado por los comensales. El mojo de La Tabernilla también es especial, al igual que sus papas, que mantienen la receta original de toda la vida y que siempre están en su punto. Y para cerrar, no puede faltar la tarta de la abuela que también cocina Sergio, un poco de dulce para terminar el almuerzo o la cena por la puerta grande.

«Esto, como me dice mucha gente, parece el salón de la casa de uno, porque el trato es muy cercano. Estamos más tiempo aquí que en casa», relata Rosi haciendo alusión a la familiaridad y al ambiente cotidiano que desprenden las paredes del restaurante. Al final, es este su mayor orgullo: «He cumplido mi sueño. He hecho que la gente sea feliz y que muchos se conozcan aquí. Y yo he compartido y me quedo muy contenta porque han agradecido lo que he creado. Si tengo que cerrar mañana porque las cosas van mal, me voy feliz, porque ya lo he hecho».

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