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Restaurantes

Novillo Precoz: historia culinaria y el mejor polvito de la capital grancanaria

El restaurante uruguayo ubicado en la calle Portugal sigue ofreciendo una experiencia de nivel con la esencia de siempre

Mollejas y chorizos en el Novillo Precoz.

Mollejas y chorizos en el Novillo Precoz. / José Luis Reina

José Luis Reina

José Luis Reina

Las Palmas de Gran Canaria

A uno siempre le apetece volver a aquellos lugares donde fue feliz. Y hay restaurantes que tienen la capacidad de generar felicidad solo con mantener intacta la esencia, estética y sabores de siempre. El Novillo Precoz es un gran ejemplo de ello, desde luego. Es una buena noticia para los nostálgicos, pues por allí la vida sigue, afortunadamente, igual de bien.

No vamos a descubrir ahora uno de los asadores más famosos de Gran Canaria, pero sí es de justicia volver a ovacionarlo, una vez más, por seguir en pie ofreciendo el excelente servicio de siempre y lo que es mejor, los mismos platos y sabores de antaño. No es un tema sencillo, teniendo en cuenta que lleva más de medio siglo recibiendo a clientes de aquí y de allá; famosos, políticos, empresarios relevantes, deportistas de éxito y a numerosos vecinos de la ciudad que han celebrado (y sellado en las paredes) tantas alegrías y momentos especiales.

Autenticidad natural

En un almuerzo reciente pude compartir estas reflexiones con Guzmán de los Santos, al frente del negocio familiar junto a su hermano, Alberto de los Santos. Coincidimos en valorar que ahora, donde tantos restaurantes se crean para tratar de trasladar al comensal al pasado, con un concepto visual y gastronómico tradicional y de falsa autenticidad, ellos siguen llenando a diario precisamente gracias a eso. Los que por allí seguimos yendo lo hacemos porque nos resistimos a olvidar, porque queremos recordar y también, claro, disfrutar.

Ensalada de siempre.

Ensalada de siempre. / José Luis Reina

En el Novillo Precoz uno no se va a encontrar la mejor ni más larga carta de vinos, ni tampoco una enorme carta de comida. Aquí se viene a consumir los clásicos del local, y eso no es un tema menor. Los chorizos y las mollejas no pueden faltar en el comienzo. Jamás dejo atrás a la ensalada de la casa, berros al fondo y tomate y aguacate arriba, ya aliñada. Ese verde que tanto agradece el cuerpo entre tantas delicias cárnicas. Nos podemos divertir un poco con el pan con ajo y el chimichurri, marca de la casa.

La carne y el dilema

A la hora de elegir la carne, llegará Alberto y facilitará la elección. En esta ocasión, un delicioso bife ancho sellado, que rematamos en mesa según el punto deseado. Uno de los pocos dilemas que debe afrontar el comensal es si elegir papas fritas formato paja, asadas o normales. Y también, claro, si desea acompañar al corte de carne con unos pimientos asados, siempre una gran elección.

La carne y las papas paja.

La carne y las papas paja. / José Luis Reina

El bullicio es el habitual, afortunadamente. Levanto la mirada en un momento dado buscando la firma que pinté en la pared hace ya muchos años. "Aquí disfrutó la familia Reina", localizada. Recuerdo mi ilusión por aquel entonces, la de un niño que al fin iba a pintar esas paredes de un restaurante que adoraba, y que ahora formalizaba con esa especie de declaración de amor, que sigue intacto.

El célebre polvito del Novillo.

El célebre polvito del Novillo. / José Luis Reina

El homenaje siempre finaliza con el mejor polvito de la ciudad, del que ya está todo escrito y explicado. Ese postre no es solo el final dulce, es también un símbolo del restaurante, y de resistencia. Ahora uno puede comerse algo parecido a un polvito hasta en los peores bares del mundo, que exhiben con orgullo el maltrato al que someten a este postre. En el Novillo Precoz uno va a disfrutar del polvito de su vida, con todo lo que ello conlleva. Y sí, es tan placentero como suena.

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