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Sirimiri: la cantina que ha revolucionado Zumacal con sabor canario y alma argentina

El pequeño barrio de Valleseco encuentra en su nueva cantina un inesperado fenómeno gastronómico

Sirimiri: la cantina que ha revolucionado Zumacal

Sirimiri: la cantina que ha revolucionado Zumacal / Radio Valleseco

Las Palmas de Gran Canaria

El barrio de Zumacal, en el municipio grancanario de Valleseco, no suele aparecer en los mapas de tendencias culinarias… pero eso ha cambiado. Desde finales de 2025, este rincón tranquilo de medianías se ha convertido en un hervidero de comensales curiosos, vecinos fieles y visitantes con hambre de algo distinto. ¿El motivo? La apertura de Cantina Sirimiri, un espacio que mezcla tradición, cercanía y una cocina con acento internacional.

Detrás de este proyecto está Nicolás “Nico” Capra, un argentino afincado en la zona que ha logrado algo que no siempre es fácil: convertir un local social en un punto de referencia gastronómica sin perder su esencia vecinal. Y lo ha hecho con una receta que combina producto local, guiños a su tierra natal y una buena dosis de intuición culinaria.

Antes de que los fogones empezaran a echar humo, el edificio donde hoy se ubica la cantina pasó por una importante rehabilitación. El Ayuntamiento de Valleseco, a través del área de Obras Públicas, llevó a cabo trabajos para modernizar el local social del barrio de Zumacal, adaptándolo a las necesidades actuales de la comunidad.

Un estreno que superó todas las previsiones

Con el espacio renovado, la Asociación Vecinal de Zumacal decidió sacar a concurso la gestión de la cantina. Cuatro candidatos optaron al proyecto, pero fue la propuesta de Capra la que terminó convenciendo. No era una apuesta menor: implicaba inversión, dedicación y, sobre todo, una idea clara de lo que se quería ofrecer.

Aunque la apertura oficial tuvo lugar el 9 de noviembre de 2025, lo cierto es que desde el primer momento la respuesta fue abrumadora. Lleno absoluto. Sin margen para la improvisación. Sin tiempo para el boca a boca… porque las redes sociales hicieron su trabajo en cuestión de horas.

El propio Capra reconocía, en declaraciones a Radio Valleseco, que esperaba buena acogida, pero no semejante avalancha. La tarde del domingo de apertura y la mañana del lunes siguiente bastaron para confirmar que aquello no era flor de un día. Zumacal tenía nuevo epicentro, y estaba en los fogones.

Una carta que une dos mundos

Si hay algo que define a Cantina Sirimiri es su propuesta culinaria: una fusión entre la gastronomía canaria y la tradición argentina. Una combinación que, lejos de resultar forzada, fluye con naturalidad en cada plato.

En la carta conviven clásicos de la cocina local como las papas arrugadas, los quesos de la cumbre de Gran Canaria o el tradicional potaje, con elaboraciones más propias del Cono Sur. Ahí aparecen las empanadillas argentinas, la milanesa napolitana o los chorizos a la criolla.

Pero el menú no se queda en lo evidente. Capra introduce también platos más elaborados como albóndigas al vino tinto, estofado de ternera o lasaña. Y entre todos ellos destaca una creación que resume bien el espíritu del lugar: la bondiola de cerdo con miel y zumaque, una combinación que sorprende tanto por su sabor como por su historia.

El zumaque, un ingrediente con historia

Puede que no sea habitual encontrar zumaque en una cocina de Valleseco, pero aquí tiene todo el sentido del mundo. Esta especia, utilizada en la cocina de Oriente Medio, está vinculada al origen del propio nombre de Zumacal.

Capra, empeñado en cerrar ese círculo simbólico, consiguió traerla desde Grecia tras una búsqueda nada sencilla. El resultado es un toque ácido y aromático que aporta personalidad a varios platos de la carta. Un detalle que demuestra que, en Sirimiri, la cocina también cuenta historias.

Además de su oferta gastronómica, el local incorpora un pequeño espacio de tienda con productos básicos. Una iniciativa pensada para los vecinos, que refuerza el carácter comunitario del proyecto.

El entorno también suma puntos: una terraza cuidada, un ambiente relajado y un servicio cercano que invita a quedarse más tiempo del previsto. No es raro ver a clientes sacando fotos, compartiendo platos o simplemente disfrutando del ritmo pausado del lugar.

La historia detrás del proyecto, origen del nombre

El nombre de la cantina no es casual. “Sirimiri” es una palabra de origen vasco que describe una lluvia fina, persistente y casi imperceptible. Un fenómeno que, curiosamente, encaja a la perfección con el clima habitual de Zumacal.

Ese paralelismo no solo aporta identidad al local, sino que también define su filosofía: constancia, suavidad y una presencia que, sin hacer ruido, termina calando.

Nicolás Capra nació en San Francisco de Padua, en la provincia de Buenos Aires, y llegó a España en 2002. Desde entonces ha estado vinculado al sector de la hostelería, aunque en 2023 decidió hacer un alto en el camino para formarse en el ámbito forestal, su otra gran vocación. Además. el teatro es otra de sus grandes pasiones, pero que por el momento ha aparcado, tras el arrollador éxito de su propuesta gastronómica.

Nicolás Capra

Nicolás Capra / Radio Valleseco

Durante dos años estudió en Osorio, y justo al terminar surgió la oportunidad de gestionar la cantina del barrio donde vive desde hace cinco años. Junto a su pareja, decidió dar el paso. Presentó su propuesta, ganó el concurso y asumió la inversión necesaria para poner en marcha el proyecto.

El éxito no llega solo, y en Sirimiri se nota el trabajo detrás. Capra organiza su semana con precisión: lunes y martes para proveedores y compras, miércoles y jueves para elaboraciones previas, y de viernes a domingo, servicio al público.

La cantina abre los fines de semana en horario de mediodía (de 12:00 a 15:30), ampliando también por la noche los viernes y sábados (de 20:00 a 22:30). Un horario que, lejos de limitar, concentra la demanda y mantiene el interés.

Un fenómeno que crece sin perder su esencia

En apenas tres meses de vida, Cantina Sirimiri ha logrado algo poco habitual: convertirse en un referente sin renunciar a su identidad local. No es un restaurante al uso, ni pretende serlo. Es un espacio híbrido donde conviven la vida vecinal y la experiencia gastronómica.

Y quizá ahí esté la clave de su éxito. En una época donde todo parece replicarse, Sirimiri apuesta por lo auténtico: buena comida, trato cercano y un entorno que invita a volver.

Zumacal, ese barrio que muchos no sabían ubicar en el mapa, ahora tiene algo que contar. Y, sobre todo, algo que saborear.

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