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A fondo

Pilar González, la artesana canaria que eleva la experiencia gastronómica

Al frente de Cerámicas Jícara, la artista diseña y da forma a piezas de mucho valor para numerosos restaurantes

Pilar González, en su taller.

Pilar González, en su taller. / José Luis Reina

José Luis Reina

José Luis Reina

La Laguna

Si bien la experiencia gastronómica en un restaurante debe empezar por la cocina y terminar por la sala, lo cierto es que aquellos negocios que van un paso más allá, que tienen la necesidad de agradar, sensibilidad por los detalles y ganas de sorprender, ponen especial interés en tener una vajilla exclusiva, realizada exclusivamente para ellos, que amplía en la mesa el concepto que quiere trasladar desde la cocina.

Eso, claro, marca la diferencia. Y ahí, Pilar González se ha hecho con un protagonismo merecido en numerosos restaurantes que ven en sus creaciones el broche perfecto para compartir ese entusiasmo por la excelencia, una manera inteligente de elevar sabores y estética, un acuerdo de talentos artesanos cocina-cerámica que convierte el servicio también en una muestra de arte con un fin claro.

Conocí a Pilar por sus creaciones antes de conocerla personalmente. Me alegraba acudir a un restaurante y encontrarme con su trabajo en la mesa, disfrutar de la comida sobre su arte. Algunos de ellos son ya icónicos, como ese rejo de pulpo que diseñó para el restaurante La Terrasse (ahora llamado Dos Naifes), en el Gran Meliá Palacio de Isora. Pero hay mucho más, y cada pieza es el resultado de largas conversaciones entre cocinero y creadora, un trabajo a cuatro manos que va cogiendo forma en el taller de la artista.

Una de las creaciones de Pilar.

Una de las creaciones de Pilar. / José Luis Reina

Ahí, al taller de Cerámicas Jícara, en La Laguna, acudí para contemplar en vivo el talento de una mujer que no ha parado de crear desde que tiene uso de razón, pero que encontró en la cerámica su vocación vital. Cuando un cliente se acerca aquí, inicia una obligada relación con ella, pues solo así puede salir una vajilla exclusiva. "El cliente viene, nos conocemos y empezamos a ver la carta sobre la que quiere trabajar. Ese trabajo previo, de conceptualizar la idea, puede durar alrededor de un mes. La vajilla, ya con el resultado final, puede tardar hasta seis meses de trabajo".

Esta relación con la gastronomía, diseñando estas piezas exclusivas para el sector, comenzó en el año 2017, "cuando Jorge Peñate me pidió un gran pedido para el restaurante Las Rocas. Desde entonces he ido evolucionando, investigando y analizando tendencias. Seleccionando los mejores materiales para que el restaurante lo pueda trabajar bien, el comensal lo disfrute y tenga una durabilidad larga e intensa", dice la artesana, con más de cuarenta años de trabajo manual.

La artesana, mostrando una de sus piezas.

La artesana, mostrando una de sus piezas. / José Luis Reina

Hija de un carpintero y una costurera, Pilar González reconoce que se siente feliz al "tener reconocimiento con este trabajo tan noble y humilde. Eso se lo debo a la gastronomía, pues mis creaciones lucen a diario, y los restaurantes con los que trabajo explican con detalle a sus clientes cómo se hacen esos platos, cubiertos o vasos. Le ponen nombre y apellido a la vajilla, algo que sin duda eleva la experiencia del comensal, pero también reconoce el trabajo artesano. Es una proyección nacional e internacional, tengo producto vendido para restaurantes de Estados Unidos, en Orlando. También en Ibiza, Barcelona... pero no trabajo mucho fuera porque los impuestos disparan el precio para el cliente".

Ella tiene claro que su vajilla no puede ser protagonista por encima de la propia comida, pues "el equilibrio es clave para que el cliente tenga una sensación de armonía agradable, por eso le dedicamos tantas horas a analizar la carta y la propuesta gastronómica. Eso pasa por no poner colores que desvirtúen el plato, acabados que llamen mucho la atención... la experiencia de los años es lo que me ha llevado ahí. Por eso tengo en el taller a tantos cocineros y cocineras que vienen y estamos hablando durante horas".

Uno de los espacios del taller.

Uno de los espacios del taller. / José Luis Reina

Ella es la otra cara, quizá más discreta, de eso que llamamos el lujo real de la experiencia gastronómica. Un trabajo silencioso pero duro, cuyo relevo generacional, como ella misma confiesa, está en el aire. Aun así, encontró en la gastronomía una motivación enorme para seguir creando después de tantos años, un escaparate internacional que la pone en el centro de la mesa, literalmente, pero que también reconoce su importante papel. Los comensales lo agradecen enormemente.

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