El Enófilo
Maillard: la historia de dos hermanos y su pasión por el vino
Existen proyectos que surgen después de años de planificación y otros que nacen cuando la vida te obliga a reinventarte

Javier González Falcón (izquierda) junto a su hermano Samuel. / Mulchand Chanrai

Maillard es uno de esos que pertenece al segundo grupo. Dos hermanos, Samuel y Javier González Falcón, crearon esta distribuidora desde Gran Canaria en plena pandemia, cuando parecía que el mundo se acababa. Ellos decidieron que era el momento perfecto para comenzar su nueva vida.
Javier sin trabajo y Samuel en una especie de ERTE parcial observaban como el mundo de la hostelería y la gastronomía se tambaleaban. Lo fácil habría sido esperar, verlas venir, mantenerse en la retaguardia hasta conseguir mejores opciones, sin embargo, decidieron lanzarse, elegir lo difícil.
Sin grandes estructuras ni grandes inversores detrás, comenzaron a construir Maillard. Con mucho trabajo y algo de intuición dedicaron su tiempo a una pasión compartida: el vino. Una pasión que, como ellos mismos reconocen, empezó más desde el “bebercio” y el disfrute que desde la técnica.
Los hermanos no querían convertirse en una distribuidora más de Riojas y Riberas repetidos hasta la saciedad. Querían descubrir vinos diferentes, honestos, con identidad y elaborados por personas con las que pudieran compartir algo más que una relación comercial.
Ahí está precisamente una de las claves del proyecto. Para ellos, el vino no empieza en la botella, sino en las personas que están detrás. El trato humano, el feeling con el bodeguero y la afinidad con cada proyecto son tan importantes como la calidad del vino.
Por eso hablan de sus productores como amigos y no como proveedores. Y por eso muchas de las bodegas con las que trabajan son proyectos jóvenes, con ganas de crecer al mismo tiempo que ellos. Hay una idea muy clara detrás de Maillard: caminar junto a las bodegas y evolucionar de la mano.

Una de las bodegas canarias que distribuye Maillard. / Mulchand Chanrai
Montar un proyecto de este tipo en Canarias no ha sido fácil, de hecho, los propios hermanos reconocen que la burocracia y las particularidades del mercado insular hacen que muchas ideas que funcionan en la Península aquí no terminen de despegar.
Aun así, están seguros del potencial gastronómico de las islas y ven un sector lleno de talento, con proyectos muy interesantes y profesionales cada vez más formados en sala y sumillería, a pesar de la falta de personal cualificado, costes elevados y un consumidor que piensa más cada salida.
Para ello, en ese contexto, el vino sigue jugando un papel fundamental, no desde el lujo inaccesible, sino desde el disfrute. Samuel insiste en una idea muy sencilla pero muy cierta: no hace falta gastarse cientos de euros para beber bien, hay vinos maravillosos entre los veinte y treinta euros si uno sabe dejarse aconsejar.

Los hermanos, en la sede de su empresa. / Mulchand Chanrai
Y ahí es precisamente donde la distribuidora centra su trabajo ayudando a la hostelería a tener acceso a referencias democráticas y accesibles que aportan valor a la experiencia gastronómica.
Está claro que el mundo del vino está cambiando hacia una tendencia clara de vinos ligeros, frescos y fáciles de beber saliendo de los excesivamente robustos o con graduaciones muy altas. Vinos de once o doce grados, más amables y pensados para disfrutar sin pesadez.
No creen en las modas artificiales ni en ciertos discursos demasiado forzados. Hablan del vino desde la naturalidad del consumidor que disfruta compartiendo una botella alrededor de una mesa. Sin postureo y sin tecnicismos innecesarios. En Maillard no entra nada que ellos no beberían, la premisa parece simple, pero termina siendo una declaración de intenciones bastante potente.
Más que vino
El corazón del proyecto está basado en el vino, aunque Maillard ha ido ampliando poco a poco su universo gastronómico. Y lo ha hecho incorporando únicamente productos que aporten calidad real.
Así llegaron los vermuts, los arroces valencianos, los caldos para paellas y otros productos gourmet dirigidos especialmente a la hostelería. Uno de sus últimos pasos ha sido trabajar con fondos y caldos naturales elaborados a leña, pensados para facilitar el trabajo de cocinas profesionales sin perder nivel gastronómico.

Una de sus grandes apuestas es el arroz y sus caldos. / Mulchand Chanrai
Detrás de esta ampliación también está la pasión personal de Samuel por la cocina. Su obsesión por el producto y el sabor termina conectando de forma natural con el vino y con todo aquello que rodea una buena mesa.
Incluso las copas forman parte de esa búsqueda de excelencia. La incorporación de Gabriel Glass a su catálogo demuestra hasta qué punto entienden el vino como una experiencia completa donde cada detalle suma.
El futuro
Tras estos cinco años después de arrancar su proyecto, Maillard continúa creciendo paso a paso, sin prisas y sin perder su esencia familiar.Los hermanos González Falcón siguen funcionando con la misma cercanía del primer día, escuchando a hosteleros, sumilleres y clientes que muchas veces ya forman parte de su círculo más próximo. Porque si algo define este proyecto es precisamente eso: la sensación de comunidad.
La distribuidora ha elegido crecer de forma tranquila, sin prisas, a otro ritmo, con el objetivo de afianzar sus relaciones de forma duradera. Y quizá ahí esté precisamente el secreto de su éxito, en entender que el vino, antes que negocio, sigue siendo una forma de compartir.
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