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¿Qué ve la psicóloga en las cámaras antes de enfrentarse a Jamie en la serie 'Adolescencia'?

Un análisis fílmico desvela el momento exacto en que la experta cambia su actitud tras observar una reacción inquietante fuera del alcance del espectador

Tráiler oficial de 'Adolescencia' la nueva serie de Netflix

NETFLIX

Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

La miniserie Adolescencia marcada por secretos, heridas familiares y tensión constante entre lo que se muestra y lo que se oculta, Jamie es uno de esos personajes que incomodan desde el primer capítulo.

Su presencia impone, su carácter desconcierta y su historia se va desvelando a través de gestos más que de palabras. No es el típico adolescente confundido, hay algo más, algo que inquieta. Y es justo en una de esas escenas aparentemente tranquilas donde todo cambia. Jamie estalla. Grita, se altera, pierde el control y la psicóloga decide dejarlo solo.

Lo que podría parecer un gesto de abandono es en realidad una maniobra calculada. Porque lo que viene después, cuando él cree que nadie lo observa, revela más que cualquier sesión. ¿Qué ve exactamente la psicóloga en esas imágenes? ¿Por qué ese momento lo cambia todo? El creador de contenidos José Sarries (@josesarries en TikTok) tiene la clave.

Una estrategia silenciosa

Después del estallido de ira de Jamie, la psicóloga no reacciona como muchos esperarían. No lo consuela ni lo confronta de inmediato. Lo deja solo. Y esa decisión no es casual. Según explica el creador de contenido es una estrategia: “Lo deja sin supervisión para que baje la guardia. Sin presión, sin sentirse observado, comienza a mostrar patrones de personalidad inconscientes”, añade el tiktoker.

El objetivo es claro, pues pretende observar qué hace Jamie cuando cree que nadie lo está mirando. Para eso sirven las cámaras. La serie apenas nos muestra unos segundos de esa grabación, pero lo importante no es lo que vemos nosotros, sino lo que ve ella.

El momento en que todo cambia

Y lo que ve la psicóloga la deja helada. Jamie no está agitado. No hay tensión, ni ansiedad, ni rastro de arrepentimiento. “Se estira, bosteza y se recuesta cómodamente en la mesa. Como si el ataque de ira de hace un minuto no hubiera ocurrido. Como si estuviera en su casa”, explica Sarries.

Esa imagen es más reveladora que cualquier confesión. Es entonces cuando la psicóloga confirma algo crucial: Jamie no cree que haya hecho nada malo. No hay culpa ni conciencia del daño. Y esa ausencia de remordimiento es lo más peligroso de todo.

Una escena que no se trata de lo que ves

Lo brillante, según el creador de contenidos, es que la serie nos muestra a la psicóloga mirando, pero no lo que ella ve, al menos no del todo. Nosotros no juzgamos lo que Jamie hizo eso ya lo sabemos. Lo que nos invitan a entender es si Jamie comprende lo que ha hecho y ese matiz lo cambia todo.

Por eso, cuando la psicóloga vuelve a entrar, no lo trata como a un adolescente confundido. Lo confronta. Porque ya ha visto lo que necesitaba ver. Y si Jamie no considera que estuvo mal, ¿qué le impediría volver a hacerlo?

Esta escena demuestra que muchas veces, lo más importante no es el estallido, sino la reacción posterior. La calma sin culpa, en este caso, lo dice todo. Y es ahí donde entra en juego el poder del guion y la dirección, dejar que el silencio y los gestos hablen por el personaje, mientras el espectador completa el rompecabezas junto a la psicóloga.

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