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Así destronaron los velocirraptores de De la Morena al tiranosaurio García

José María García y José Ramón de la Morena protagonizaron una encarnizada guerra en las ondas que marcó la radio de los 90 y que inspira la ficción 'Reyes de la noche'

Miki Esparbé y Javier Gutiérrez son Paco El Cóndor y Jota Montes en la serie ’Reyes de la noche’.

Miki Esparbé y Javier Gutiérrez son Paco El Cóndor y Jota Montes en la serie ’Reyes de la noche’.

Compartían franja horaria, la de medianoche, uno en Antena 3 Radio y luego en la COPE, y el otro en la Cadena SER. Y su pasión por el periodismo deportivo, al que cada uno imprimió su peculiar estilo. Pero no eran colegas; ni su competición, sana. A esa hora en que el día pasa a ser el siguiente, las ondas se convertían en un campo de batalla en la que se enfrentaban dos rivales. 

Este apasionado duelo de titanes es el que recrea la excelente serie 'Reyes de la noche' (que estrena este viernes Movistar+), aunque sus productores se esfuercen en recordar que solo se inspira en esa historia y los personajes no son trasuntos. O sea, Paco El Cóndor (Javier Gutiérrez) no es José María García ni Jota Montes (Miki Esparbé), José Ramón de la Morena. Pero cualquier parecido con la realidad es pura evidencia. 

Un estilo contundente

La serie es ficción, no un 'biopic', pero recrea algunos momentos de ese despiadado enfrentamiento radiado. Y es que tiene mucho de historia épica, bíblica, en la que el rey es destronado, en la que David vence a Goliat. Goliat (el gigante, pese a su reducida estatura) era José María García, que tras introducir el periodismo radiofónico de medianoche dentro de 'Hora 25' (Cadena SER), había creado un particular estilo de hacer radio que le había hecho merecedor de tener programa propio -coincidiendo con el nacimiento en 1982 de la emisora privada Antena 3 Radio-, con un título personalista que huía de falsas modestias: 'Supergarcía'. Había nacido una estrella en el firmamento radiofónico. De las gordas. Y con él una manera de hacer radio deportiva.

Ese reinado lo ejecutó con un estilo contundente y faltón, caracterizado por una crítica ácida a todo aquello que consideraba injusto aderezada con calificaciones, descalificaciones, exabruptos e insultos que repartía entre aquellos personajes a los que creía merecedores. El Butano, El Butanito, apodo con el que se le conocía (se lo puso el jugador del Atlético de Madrid Jorge Grifa, tras aparecer en un entrenamiento con un abrigo naranja) acuñó innumerables muletillas como "¡ojo al dato!", "¡esto es de juzgado de guardia!", "tribuletes de pesebre", "chupópteros", "nato y neto", "abrazafarolas"... Y apodos para describir a las personalidades que centraban su programa: 'el del pelo blanco' era Ramón Mendoza y el 'minilendakari', José Luis Núñez. Su poder iba más allá del ámbito deportivo, traspasaba al político y se convirtió en una suerte de gurú.

El sereno de la noche  

Y tan felices se las tenía cuando en 1989 irrumpe en la escena radiofónica un periodista más joven, con un estilo moderno, desenfadado y pelín irónico, que, tras trabajar durante ocho años en la sección de deportes de la SER, se atrevía a profanar esa franja sagrada propiedad de García con un nuevo programa: 'El larguero'. "Buenas noches (.. .) Yo me llamo José Ramón de la Morena y soy su nuevo sereno del deporte". La respuesta de García no se hizo esperar: "Un muchachuelo desconocido totalmente en esta profesión, un jovencito imberbe cómo comienza el programa del imperio Prisa". La guerra no había hecho más que comenzar. 

A partir de entonces se fueron sucediendo en las ondas las pullas entre ambos periodistas, que iban más allá de lo profesional. Como cuando García soltó: "Ayer mismo el vizconde taurino... Alguien se preguntará: ¿por qué el vizconde taurino? La primera parte no hace falta explicarla y la segunda, porque aunque parece ser que no le gustan excesivamente los toros, sí le gustan los toreros. Cada uno tiene sus gustos". 

De la Morena no se quedó atrás: "A mí me encantan los toros. Lo aclaro, porque lo anda diciendo por ahí un pobre trastornado. Me encantan los toros y me gustan los toros en la belleza del campo, como me encantan algunos toreros en la plaza, sobre todo los que saben torear. Lo que no hago es acostarme con una vaca. Eso es ya zoofilia pura".

Zancadillas profesionales

También se repetían las zancadillas profesionales. Y eso lo explicaba muy bien Cristina Gallo, la redactora jefa de 'Supergarcía' entre 1982 y 2002, en el 'Salvados' que en 2018 puso cara a cara a García y De la Morena para relatar este enfrentamiento. "A veces estaba un protagonista en las dos cadenas a la vez. La diferencia es que a De La Morena no le importaba grabarle. Pero García no, para él era muy importante tenerle en directo". Y cuenta que en los JJOO de Atlanta, este le pidió que le pasara a una joven gimnasta que entrevistaba, a la que le soltó: "Lorena, ¿verdad que no tienes el don de la ubicuidad? Digo esto porque me comunican que en la Cadena SER en estos instantes estaban vendiendo que tenían a Lorena con su hermana. Una nueva trampa, una nueva mentira, porque Lorena está en directo en la sintonía COPE".

Paco González, periodista de la SER, contaba en ese espacio las triquiñuelas que hacían para De La Morena: "De todo. Desde ir al domicilio particular del jugador una hora antes y coger el teléfono fijo y controlar las llamadas. Y si llamaba García, colgar, colgar y colgar.. Pero también nos lo hacían a nosotros".

Alcanzar al tiranosaurio

"El jefe --siempre le llamaremos el jefe-- tenía un estilo muy especial para hacer radio: claro, contundente, nunca se mordía la lengua", decía Gallo. "De la Morena era mucho más plural y sabía que para ganar al tiranosaurio hacía falta un equipo de velocirraptores", comentaba González. Y parece que dio con la fórmula, porque lo alcanzó. Si en 1992 'Supergarcía' tenía una audiencia de 1.200.000 oyentes y 'El larguero', 520.000, en dos años esta diferencia se había reducido al alcanzar este último 1.128.000 oyentes. En 1995 ya le superó con 1.360.000.

Fue entonces cuando se recrudeció la guerra. "Pero no es una guerra con De la Morena, es una guerra empresarial", confesaba García a Jordi Évole. Todo el tiempo estaban pendientes de lo que decía el otro para replicarle durante la emisión: "Me pasaban notas. Y a él le harían exactamente igual".

Tal era el poder de García, que, como denunció De La Morena, logró su suspensión durante un año en la SER. Era 1990. Cuatro años después, este declaraba a EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, diario perteneciente al mismo grupo editorial que este medio: "Es un personaje que bajó a su bota a todo el mundo del deporte con el consentimiento acobardado del colectivo de periodistas. El drama de este país es que ha pasado de la dictadura de Franco a la de José María García".

Verdaderas barbaridades

Asimismo, en 2011, De La Morena le admitía a Andreu Buenafuente en 'Late Motiv': "El 'modelo García' tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. Tuvo el reporterismo ese de meter el micrófono en los vestuarios que empezó a crear escuela". Y en 2018, García confesaba: "Yo no comulgo con eso de que en la guerra todo vale. Decíamos verdaderas barbaridades. Estábamos equivocados". Y reconocía: "Yo luchaba denodadamente porque un tío fuera a mi programa y ahora veo que es una soplapollez". 

Tras dejarlo todo en 2002 y superar un cáncer linfático, José María García lleva una vida tranquila que adereza con algunas declaraciones polémicas para darle salsa. De La Morena, por su parte, tras firmar hace cinco años un contrato de 3,4 millones con Onda Cero para presentar y dirigir 'El transistor', anunciaba el pasado mes de marzo que dejaba la radio para dedicarle todo el tiempo a su cuarto hijo, acabado de nacer. Los lobos ya no enseñan los dientes. 

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