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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Crítica

El patriarcado es el asesino

‘Red light’, Carice van Houten y Halina Reijn (SundanceTV, 6/1) MAARTEN DE BOUW

Las actrices Carice van Houten (Melisandre en Juego de tronos) y Halina Reijn pusieron en marcha la productora Man Up para no solo interpretar, sino también para contar historias oscuras y arriesgadas con un punto de vista femenino. Del proyecto surgió la película Instinct, dirigida por la propia Reijn y con Van Houten en el papel de una psicóloga que se obsesiona con un agresor sexual al que está tratando en prisión. Primera prueba superada: Instinct llegó a ser elegida para representar a los Países Bajos en los Óscar de 2020.

La película no pasó de preseleccionada, pero la serie Red light, siguiente proyecto de Man Up, se alzó con un par de galardones en Canneseries 2020: el Premio Especial de Interpretación a todo el reparto y el Premio de los Estudiantes a mejor serie. Ya puede verse a través de Sundance TV este interesante thriller dramático con paisaje de prostitución y trata de personas, reflexión de largo alcance sobre roles de género y patriarcado.

De nuevo con la novelista Esther Gerritsen como colaboradora en el guión, Van Houten y Reijn cultivan una complicada enredadera criminal y emocional sobre tres mujeres de ámbitos dispares cuyas vidas se cruzan tras la desaparición de un hombre. Sylvie (Van Houten) es prostituta y encargada en un burdel que comparte con su tóxico chulo y novio Ingmar (Geert Van Rampelberg) en el Barrio Rojo de Amberes. Esther (Reijn) es una rica soprano casada con un profesor de filosofía evaporado de la faz de la tierra. Evi (Maaike Neuville, vista en El jurado, otra serie dirigida por Wouter Bouvijn) es la policía que investiga su desaparición, como también el asesinato de una joven prostituta ligada al club de Sylvie. Poco a poco, estos tres personajes sin aparente vínculo entenderán que se necesitan mutuamente para salir de situaciones asfixiantes.

Aunque al principio cueste ver las resonancias entre sus circunstancias, a partir del segundo capítulo empieza a observarse el patrón común: Sylvie, Esther y Evi sufren de un modo u otro el yugo del patriarcado; al menos dos de ellas sufren los engaños de dos hombres tóxicos; las tres lidian desesperadamente con las expectativas que una sociedad machista ha depositado sobre ellas. En su camino de investigación de la mujer, las creadoras exploran sentimientos incómodos sobre la maternidad: Evi se arrepiente de haber sido madre y sueña con dejarlo todo, como solo los hombres parecen tener derecho a hacer en las historias o en la vida; Esther parece buscarla porque se supone que debe hacerlo, y Sylvie se ha quedado embarazada y duda sobre si seguir adelante o no.

Preguntas sin fácil respuesta

Red light no ofrece, al menos en principio, respuestas sencillas a las preguntas que plantea. En tiempos de blanco y negro, nos recuerda que dos cosas en apariencia opuestas pueden ser verdad al mismo tiempo. ¿Sylvia es una cómplice u otra víctima del (este sí, nefasto sin más) Ingmar? Las dos cosas: es una mujer algo calculadora, que sabe modular su moralidad como le conviene, pero también quien se lleva siempre la peor parte en esa relación codependiente. Las preguntas difíciles se extienden al ámbito del trabajo sexual: ¿hablamos de una transacción entre personas adultas o solo del más cruel y nocivo acto de sometimiento? Quienes todavía se atreven a definir la televisión como simple entretenimiento pasivo deberían, quizá, echar un ojo a esta estimable serie, solo lastrada por una dirección algo indiferente.

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