Hace poco un amigo -pregunta se la harán a diario muchos de los viandantes que pasan por el lugar- nos inquiría para que averiguáramos el origen y la razón de aquella inscripción que figura en uno de los frontis de la Casa de Colón, el que da a la que antaño fuera conocida como Plaza de los Álamos, que alude a un personaje desconocido, aparecida en aquella casa que pasó a formar parte del conjunto de edificios que conforman el museo cuando a mediados del pasado siglo el Cabildo Insular se propuso la loable idea de poner en marcha la institución colombina, pues Gran Canaria tuvo papel importante en el Descubrimiento.

La propuesta no cayó en vacío, sobre todo por la curiosidad de la que somos partícipes para compartirla con los que, todavía, se preguntan el posible origen y la razón de aquella inscripción. Hubo de recurrirse, lógicamente, a historiadores anteriores y al cabo de varias consultas hallamos las respuestas que nos proporciona un trabajo periodístico de hace mas de sesenta años de Sebastián Jiménez Sánchez del que resumimos aquellos detalles que podrían despejar algunas incógnitas y saciar el interés común. La casa en cuestión, con su largo balcón, celosías y ventanales, perteneció en el siglo XVII a Juan Tomás de Zigala, más tarde fue morada del canónigo y arquitecto Diego Nicolás Eduardo, y hasta su venta al Cabildo en 1955 era propiedad del ingeniero José Hidalgo Navarro quien, al adquirirla muchos años antes, sobre 1920, en su afán de restaurar la casona procedió a raspillar el frontis y ya en aquella época se sorprendió por la aparición de dos inscripciones con caracteres de buena letra. Una desapareció por efectos de aquellas obras de restauración, y una segunda que, aunque fue objeto de la curiosidad del estamento cultural de la época que ya pudieron conocer su texto, fue dejado sin raspillar aunque oculto por el blanqueo de la pared. Es el mismo texto que en 1957 reapareció, cuando las citadas obras de restauración del edificio al eliminar con cuidado la cal del albeo, y que es el consabido:

"Machado ya estás servido

todo el pueblo está conten-to,

pues vuestra elección asido

hacer al mexor talento,

lo de Justicia debido

A .1771"

Como en el texto aparece un bonete sacerdotal (se ha descartado pudiera ser un birrete de caballero togado), con un Víctor entre palmas, en opinión ya lejana de Jiménez Sánchez señala que puede referirse a alguien relevante de la época y lo más probable a una personalidad religiosa; seguramente a algún prebendado de la Iglesia canaria de entonces. En la relación conservada en su archivo catedral, prosigue, sólo hay tres prebendados con el apellido Machado: Salvador Machado, natural de La Laguna, que fue racionero y Maestrescuela entre 1679 y 1707 en que falleció; Francisco Machado Muñoz, canónigo desde 1717 y 1742, año en que murió, y Felipe Machado Spínola y Lugo, nacido en La Orotava, que fue racionero en 1709 y Prior en 1714, fallecido en la segunda mitad del siglo XVIII. Supuso, por algunas averiguaciones realizadas, que se trata de este último que fue canónigo de nuestra catedral e Inquisidor Apostólico del Reino de Cerdeña, imaginando que este nombramiento fue la causa de que alguien escribiera el texto aquí aludido en el frontis de la que él supone fue su casa. Agrega que "en la fecha señalada hoy (1957) puede haber error debido al raspilleo de la pared y a la labor de restauración del propio texto"; ¿Pudiera ser 1717 en lugar de 1771 que aparece en la pared.

Jiménez Sánchez recordaba que siendo joven, a principios de la década de los veinte del pasado siglo, conoció a otro prebendado, Salvador Guerra, natural de Tejeda, que vivía en una casa colindando con la que tiene en su frontis la mentada inscripción quien, "algo flojo de sesera aunque con simpático gracejo" solía recitar pareados ramplones alusivos a este inquisidor y de los que recordaba éstos:

"Al Inquisior Machado

gustábale el gofio amasado.

Y por sus lauros y méritos

todo el pueblo se puso con-

tento"