Quedan pocas horas para el gran desenlace, el carrusel informativo de la noche del 20-N. ¿Qué nos prometen los vencedores de la jornada electoral? Pues ni más ni menos que el Gran Cambio. ¿Qué es lo que quiere el ciudadano? En primer término trabajo, trabajo estable se entiende. Y educación de calidad para sus hijos. Y sanidad gratuita, no de copago. Y que no le rebajen la pensión, sino que se la mantengan e incluso que se la actualicen porque desde hace tiempo está congelada. Claro que cualquiera pediría todo eso, y cualquier partido político en las actuales circunstancias haría un anuncio electoral en parecidos términos. Cualquier persona normalita quiere trabajo, educación, sanidad, pensiones garantizadas? El PSOE no es creíble y el señor Rajoy, presidente dentro de pocas horas, huye de los temas escabrosos y administra sus silencios. El PP, sabiéndose triunfador con largueza, intenta pasar de puntillas sobre los asuntos difíciles. No anuncia cómo va a financiar este Estado del Bienestar Chiquito que nos está quedando después de las privatizaciones y las rebajas que se otean en el horizonte. Dicen una y otra vez los augures que el 2012 puede ser mucho peor que este lamentable 2011 que estamos dejando atrás. Una edad de hielo con drásticos ajustes aquí y allá para cumplir con Bruselas, y que Bruselas no se nos encabrite demasiado como le ha sucedido al señor Berlusconi, que seguramente se agarrará a todo clavo ardiendo para eludir su paso por las salas de los tribunales con los tropecientos asuntos que tiene pendientes. El PP ha hecho una campaña tranquila, donde prima más el partido que el candidato. El PSOE, al contrario, se olvida del partido e intenta vender una cara rejuvenecida. Unos y otros prometen enderezar el rumbo y anuncian que, después de tanta travesía del desierto, las cosas no serán tan malas como las que hemos dejado atrás. ¿Realmente hemos dejado atrás las peores pesadillas de la economía y de la depresión colectiva? El personal necesita agarrarse a un clavo ardiendo, por eso el PP arrasará. ¿Pero nos aguarda más de lo mismo, una nueva dosis de aceite de ricino antes de contemplar, al fin, algún pequeño brote verde? Esta campaña electoral ha sido minimalista, gris como la vida misma que nos aguarda.