Siempre se ha dicho que el sentido común es el menos común de los sentidos, y va a resultar que es verdad. ¿Pero cómo es posible que con la que esta cayendo todavía haya alguien que esté poniendo palos en las ruedas de la economía? Cada día nos levantamos con esta o aquella noticia que echa por tierra iniciativas empresariales que pueden crear puestos de trabajo y relanzar la maltrecha economía. Ahora el principal partido de la oposición anuncia, antes de oír el discurso de investidura, que va a votar en contra. ¡Pero qué broma es esta!

Un día es el gas, otro este o aquel hotel, el frente marítimo de la ciudad y así un sinfín de proyectos que son frenados uno detrás de otro año tras año.

¿Pero qué les pasa a los actores sociales? ¿A qué o a quién tienen miedo? ¡Pero si no se puede ir a peor! Que políticos, empresarios y sindicatos se sienten y pierdan el miedo al qué di- rán y de una vez resuelvan este sinsen-tido, pero no en seis meses o un año, no, ahora.

No se puede estar a estas alturas diciendo que si el problema es la deuda y el antídoto el desapalancamiento, nos pasaríamos los próximos diez años esperando que las agencias de calificación, menudos personajes, digan esto o aquello mientras deshojan la margarita. Hablar de Keynes ahora es cuando menos temerario, cuando las bolsas juegan al escondite y unos cuantos hacen el agosto jugando a la baja.

Entretanto la teutona Angela Merkel y el gabacho Nicolas Sarkozy siguen que si la deuda soberana por aquí, que si los eurobonos por allí. Estamos en un momento clave, yo diría que histórico.

Estamos en un punto en el que o hundimos Canarias o salimos más unidos que nunca. La realidad económica está al filo de la navaja y cualquier decisión errónea puede tener consecuencias apocalípticas. Siento emplear este tipo de adjetivos, pero lo que la realidad esconde me hace ser pesimista pero a la vez muy realista.

Sin embargo, no conozco ninguna crisis de la que no se haya salido, soluciones las hay, lo que no hay es tiempo para estar mareando la perdiz, desde luego que no será fácil, pero priorizando bien las tareas y arrimando el hombro todos, se consigue.

No es hora para los mediocres donde algunos nacen con esa condición, otros se la ganan a pulso, y a los más la mediocridad les cae encima.