Hablar como un blanco, actuar como un blanco y vestir y vivir como un blanco, es lo que ha hecho que Barak Hussein Obama sea presidente de los EE UU. Pero detrás de este infausto maquillaje conductista, está el hombre de convicciones fuertes, arriesgadas y esperanzadoras para un país que todavía vive el rigor puritano.

Siempre me llamó la atención este hombre ambiguo, metódico, con un atisbo de fiereza nada despreciable cuando se precie y también con una conexión con la ciudadanía poco común en asuntos como, por ejemplo, la distribución de la riqueza.

Sería muy difícil que un hombre sin los fuertes convencimientos religiosos de Obama se arriesgue a perder las elecciones por su política social de sanidad, empleo o justicia económica. Las últimas declaraciones: "Las desigualdades distorsionan nuestra democracia porque les da una representación desproporcionada a unos pocos" -con estas y otras frases que lo han acompañado se advierte que el compromiso es más sólido que las manidas diatribas pseudocristianas de los republicanos que son los verdaderos garantes de la vida y cultura americana, además de hablar con dios.

Pedir un pacto nacional contra la desigualdad, combatir la injusticia, distribuir los bienes, fortalecer la clase media, llegar a los más desfavorecidos, un plan nacional sanitario o controlar a la banca, son algunas de las ideas de su precampaña que ya están en los medios.

No ha habido ningún político norteamericano que haya llegado hasta tal extremo en sus manifestaciones y perder, presumiblemente, la Casa Blanca. Ni demócratas cristianos ni socialdemócratas en Europa han ido tan lejos nunca y ni siquiera en estos momentos el mensaje es a la fuerza productiva que menos recibe, a la que sufre: se amedrenta a la clase media y a la menos media con el ahorro y la pérdida de empleo y a las tremendas e inconfesables maniobras financieras se le dan plazos.

Pero el atisbo de fiereza que le asoma a Obama no es que sea incoherente, según su confesión; cree también y -en eso actúa como todos los blancos americanos-, que están amenazados y en guerra y no ha dudado ni duda cuando hay que salvar el modo de vida americano, que no es otro que Dios, familia y propiedad privada.