Días pasados, escuchando la réplica del portavoz en el Parlamento del grupo vasco Josu Erkoreka, hacía alusión a la "cuadrilla", manera como se llama por el norte a la pandilla, realizando un análisis comparativo con Europa. Si trasladamos a nuestra comunidad autónoma dicha comparación tendríamos lo siguiente: la pandilla son las siete islas Canarias, donde el tren parece que tira de unos vagones deslavazados, no se sabe bien en qué dirección. Los vecinos, básicamente, son los marroquíes, que bueno, no están dentro de la pandilla pero que ahí están. El chico rico de la clase son los de ATI, que tienen una disciplina férrea, y el que se mueve no sale en la foto fin de curso. Los amigos poderosos son los del gobierno, que si eres bueno, te dan alguna cosilla para que vayas tirando y no des mucho la lata. Nuestros primos, en eso sí coincido con el vasco, son nuestros familiares de Hispanoamérica. Y por supuesto el chico fuerte de la clase, con quien tenemos que llevarnos bien por si acaso, es el presidente Rivero.

Con este panorama, ¿cómo debemos negociar esta situación? Está claro que habrá que hacer encaje de bolillos si no queremos quedarnos solos en el patio del colegio.

A todo esto, dentro de la pandilla han aparecido recientemente los listillos de siempre que, si no hacemos lo que ellos quieren, cuando quieren, y como quieren, nos echan del grupo. ¿Y quiénes son estos que se erigen en líderes? Bueno, pues parece que son los de siempre. Los que no cuentan con la sociedad civil, los que cercenan cualquier iniciativa encaminada a recuperar una tasa de empleo razonablemente aceptable, los que son reacios a iniciativas empresariales que puedan producir pingües beneficios a nuestra maltrecha economía. Las desigualdades, las emigraciones masivas. En definitiva, una estrategia equivocada. Canarias debe diseñar una política de gran calado y elegir las políticas adecuadas que nos saquen del vagón de cola de ese tren, que queremos nos lleve a las diferentes estaciones en los que pueda uno apearse y salir de la crisis.

Debemos crear un foro entre la sociedad civil y la política, donde si todos permanecemos unidos y remamos en la misma dirección, podamos ser capaces de salir de este embrollo que muchos llaman crisis y que la mayoría no sabemos ni lo que es.

Ya todos nos vamos conociendo y la verdadera amistad se conoce cuando deja de serlo. Nunca el antiguo amigo bueno será un enemigo peligroso. Reagrupemos la pandilla y no esperemos caer en desgracia para saber de verdad quiénes son nuestros verdaderos amigos.

La prosperidad hace amistades, y la adversidad las prueba.