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Opinión | LP CONFIDENCIAL

Juanjo Jiménez

Del cafelito a la tila

El secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, de los Beteta de toda la vida, arrancó al final de la semana pasada advirtiendo con el dedo que los funcionarios deben acabar con "el cafelito". Se sabe de casos extremos de funcionarios que no solo se toman el cafelito, sino que incluso se van a tocar a la rondalla y de otros, que incluso marchan a cazar elefantitos.

Ahora bien, simplificar el papelón de este país en el cafelito de unos trabajadores, que al final, sean funcionarios o no, son los que están pagando el pato, es como el que tiene tos y se jalbega con Lagarto. El problema aquí ha sido más bien el del aeropuertito, el trenecito, la comisioncita, los trajecitos y el sobrecito. Y en vez de cafelito, el whisquito, con que directores generales, asesores de menú y diverso personal asociado tradicionalmente a la poltrona ha ido asaltando los erarios públicos como a los empresarios que acumulan millones y millones de euros en facturas sin cobrar.

Lo que no deja de tener su coña. Quizá lo que recomiende Beteta, de los Beteta de toda la vida, es que efectivamente dejen de tomar café, quizá porque lo propio es comenzar a pedir tila. Pero a litros.

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