La comunidad internacional mantiene estrecha vigilancia sobre Malí y el conflicto que se desarrolla actualmente en este territorio, herencia aun de la Conferencia de Berlín de 1885, mientras diferentes países de la OTAN deciden si iniciar su intervención militar en la zona. La comunidad canaria por su parte también permanece atenta a los acontecimientos que podrían hacer a las Islas partícipes del conflicto convirtiendo al puerto de La Luz y a la Base Aérea de Gando en enclaves de apoyo logístico en la contienda. No obstante hace unas semanas llegó a Gran Canaria el buque USS Taylor-Berth, perteneciente a la Armada de los Estados Unidos para comprobar la validez de nuestros puertos para tales fines. La situación geográfica de las islas las convierte en un enclave estratégico privilegiado para este tipo de operaciones. La Historia de Canarias se ha visto salpicada continuamente por incidentes en relación a su ubicación, suscitando el interés de todas las potencias mundiales a lo largo de diferentes épocas. Incluso aunque muchos españoles son incapaces hoy día de ubicar correctamente a las siete islas en un mapa, es precisamente nuestra localización la que nos otorga una alta relevancia en el panorama de la política internacional.

Lo que Canarias es a día de hoy, así como lo que pudo ser, ha estado estrechamente ligado a su situación geográfica. Desde que a principios del siglo XV los Reyes Católicos iniciaran la conquista del Archipiélago, España se ha visto en la necesidad de proteger constantemente sus posesiones en nuestro territorio ante la amenaza foránea. La llegada de Cristóbal Colón a América y el posterior dominio español en el Nuevo Mundo no se entienden sin la figura de Canarias, que servía como base para las expediciones colombinas. Es por ello que portugueses, alemanes, franceses, holandeses e ingleses quisieron su parte del pastel en Canarias y mantuvieron conflictos abiertos para hacerse con el dominio de las islas encabezados por Van der Does, Drake o Nelson entre otros. A fin de cuentas, todos los grandes periodos históricos necesarios para conocer el mundo actual reservan a Canarias un mayor o menor protagonismo. Desde las amenazas de Otto von Bismarck de hacerse con el dominio del archipiélago; la preocupación de Winston Churchill mientras fue Ministro de Marina por la creciente influencia económica alemana en la zona; hasta la participación de Canarias en la I y II Guerra Mundial, a pesar de la neutralidad española, como base de operaciones primero para Guillermo II, el último káiser alemán, y posteriormente para Hitler, es decir, siempre en beneficio de Alemania, con el consiguiente perjuicio para Inglaterra y Francia como principales opositores beligerantes a los teutones. Incluso durante la Guerra Fría los ojos de Estados Unidos y la URSS se posaban sobre nuestro archipiélago al que consideraban fundamental para establecer su hegemonía el uno sobre el otro.

Pero tras siglos intentando evitar el control extranjero sobre Canarias, España decide integrarse en la OTAN y, a pesar del voto negativo por parte de los canarios a permanecer en la Alianza Atlántica, en 1987, cumpliéndose recientemente el 25 aniversario, se realizan las primeras operaciones de la organización internacional en suelo y mar archipielágico.

Resulta paradójico que tras siglos de luchas por mantener la autonomía de las islas, es a través de un pacto firmado como se concede el empleo de nuestro territorio para un uso militar extranjero que pone a las islas en el punto de mira de los conflictos bélicos internacionales de los que los canarios poco o nada conocen, haciéndonos participes y exponiéndonos a una situación de guerra. Es evidente que Canarias, como pueblo solidario, no puede permanecer impasible ante la complicada situación que ha generado una desmesurada inestabilidad en el país africano. No obstante, las grandes reservas de oro, uranio, gas y petróleo que se encuentran en Malí y su importancia geoestratégica para el Africom, hacen dudar de que se trate de una auténtica labor humanitaria la que se lleve a cabo en caso de aprobarse. Es por ello que no resulta descabellado pensar que desde 1982 existan voces en Canarias que se alzan en contraposición a aquellos que observan un gesto importante por nuestra parte la participación en estas lides.