No solo de la economía viven España y Marruecos. Ríos de historia compartida (que no "común", apartemos el proceloso tópico) entre ambos países vecinos, la geografía no puede cambiarse, han dejado un poso tanto de convivencia como de desencuentros, con un limes fluido según las aguas de la historia discurran en uno u otro sentido. Si Marruecos tuvo su dimensión "europea" a lomos de la invasión peninsular de almorávides y almohades, el contraataque ibérico (hispano y luso) llevó en siglos precedentes a la ocupación de plazas fuertes en el litoral atlántico y mediterráneo, siendo Ceuta, Melilla y los Peñones el vestigio actual de aquella "defensa avanzada" mientras aun late en el norte, en términos geopolíticos, la centenaria "batalla del Estrecho". Al sur y frente a Canarias, el Sáhara (primero colonia y luego peculiar provincia española, la cincuenta y tres, desde 1958 hasta 1976) constituye aun un complicado tablero geopolítico a varias bandas: por un lado la situación actual deriva de una falta de coraje y visión española, pues si bien el proceso de descolonización, inconcluso, se inició muy tarde como advirtió el general R. Salas Larrazabal, un informe de las Naciones Unidas de 29 de enero de 2002 señala claramente que, para el derecho internacional, España no transmitió la soberanía en el Acuerdo Tripartito de Madrid (14 de noviembre de 1975) simplemente porque no podía hacerlo de forma unilateral, como así se estipula incluso en la declaración política hecha pública (existen varios tratados secretos). Es decir, la situación de España es decisiva para la resolución del conflicto como Marruecos sabe bien. Y esta fue la primera clave de la Décima RAN, el Sáhara y la nueva política española al respecto. Por otro lado y con su brutal y violenta anexión (los tanques del coronel Dlimi arrasaron tiendas con civiles saharauis dentro), el Marruecos de Hassán II obtenía un regalo envenado tras la nada pacífica (eso es un mito) "Al Massira Jadra" de 1975, la famosa "Marcha Verde", fruto del apoyo logístico norteamericano en la Guerra Fría. Como señaló Kissinger, los Estados Unidos no podían consentir que la Argelia socialista, aliada a la URSS, consiguiera acceso al Atlántico por lo que Washington, mosqueado también con la incierta transición política española que se avecinaba (Franco agonizaba) decidió mover su ficha marroquí pues, pese a la política filo tercermundista de Mohamed V, su hijo optó decididamente por el campo occidental. Es decir, el apoyo norteamericano fue decisivo para la unilateral anexión del Sáhara por Marruecos. En la actualidad, la emergencia del terrorismo islamista (AQMI) en la región del Sahel, constituye de hecho otra baza que apoya a priori los intereses estratégicos de Marruecos.

Si el otro día glosaba la calculada "confusión" de Alberto Navarro, embajador en Rabat, con el Sáhara y el Sahel (ni geográfica ni políticamente es lo mismo), incidamos en la histórica frase del ministro García-Margallo que ha causado alborozo en Rabat, planeando sobre la reunión de la primera comisión mixta de la pasada RAN, que causalmente fue la de Exteriores: en un por lo demás brillante discurso en el barcelonés Palacio de Pedralbes y ante el Instituto de Estudios del Mediterráneo (IEMed), el responsable español de Asuntos Exteriores y Cooperación se refirió textualmente a "los llamados Territorios del Sur", en una calculada expresión que reconoce explícitamente las "Provincias del Sur" de Marruecos, principal caballo de batalla de nuestros vecinos marroquíes. Sin duda, esta calificación y posteriores matices en la Décima RAN de Rabat, tuvieron dos inmediatas consecuencias: por un lado, abrir las puertas para la actuación de las empresas españoles en Marruecos desbloqueando cualquier reticencia (en alguna wilayas como las de Tánger y Tetuán deberían tomar nota) y, por otro, desbloquear la alta y sucia presión que sufre en particular la ciudad de Melilla (la situación fronteriza en Ceuta presenta otras particularidades), como así ha reconocido con satisfacción el propio delegado del Gobierno melillense, Abdelmalik El Barkani. En síntesis, Ceuta, Melilla y los Peñones fueron utilizados una vez más como moneda de cambio.

En síntesis y en lo que a la pasada RAN respecta, economía sí, por supuesto. La CEOE parece estar muy contenta y Rajoy también. Marruecos, cuyo crecimiento a descendido a un 2,4%, ve como se puede seguir moviendo su economía. Pero el Sáhara (Occidental o marroquí) y Ceuta y Melilla y los Peñones, vaya si se han tratado. Se han abordado aspectos claves que solo ambas partes reconocen con la boca pequeña, adentrándonos en un nuevo escenario cargado de incertidumbres. Salvando las distancias, el Reino de Marruecos sigue de algún modo en su calculada política anexionista a costa de España el modelo de Hitler y su "Anschluss", a trozos y por partes, en pos de un mítico espacio vital. ¿Hasta dónde llega el "lebensraum" marroquí€?. De hecho, ni las Canarias están a salvo. Si no fuera por la oportuna coartada de la lucha antiterrorista (actual alter ego de la Guerra Fría) en el Sahel, bien pudiéramos recordar los efectos de la nefasta política pactista de Chamberlain y Daladier. Con la anexión del Sáhara y la cansina reclamación sobre Ceuta y Melilla, lo que está en juego no son los intereses de Marruecos como país si no la ambición de la dinastía Alauí (al fin y al cabo una dinastía de origen sahariano), pues le va la corona en el envite. Y ese es el nudo gordiano de la cuestión. Así pues, luz y taquígrafos. Visto.