El Gobierno de aquí terminará para finales de 2013 lo que denomina mapa de riesgos naturales de Canarias. Un riesgo natural es aquel que representa una tosca en difícil equilibrio y cuya trayectoria en caso de desprendimiento pasa por la cabeza, auto o vivienda de un indígena, entre otros peligros que incluyen, como explicó ayer el viceconsejero de Política Territorial, la construcción de casas y arretrancos en los cauces de los barrancos.

Es sumamente llamativo que no exista tal mapa a estas alturas del Google Earth, sobre todo si se tiene presente que si en algo distingue a un canario de un maorí es precisamente en ser capaz de advertir este tipo de situación en cuanto tiene la oportunidad.

Cuando el canario sube de gira al campo o camino a un centro comercial detecta automáticamente dónde un tinglado no debe estar, incluido en muchas ocasiones el propio centro comercial. Es innato: "Sabela, de ahí saldrán un día nadando las vacas", le ilustra a su señora con el dedo apuntando a una gallanía con garaje en precario, y tiene razón. Un día saldrán nadando. No hace falta pues este formato de mapa que, aquí entre nosotros, no es más que una forma de disimular y aplazar el documento que sí es harto necesario e imprescindible: el mapa de riesgos artificiales, y que de llegar lo hará tarde, con el cataclismo a baifo pasado.

Según se ve estamos en una hecatombe de dimensiones superiores a las que puede originar una tosca o barranquera, y quizá se asemeje más a un efecto volcánico, sin que desde las instituciones se facilitara en su día un mapa orientativo para conocer dónde no teníamos que permanecer expuestos.

Una buena parte de la población podría haber escapado con ese callejero preventivo en el que se señalizara en rojo las riesgosas oficinas bancarias, los tabernáculos que jugaban al subastado con el capital público o las administraciones que se lo han pasado pipa hasta provocar este paisaje post tormenta Siona. Sería complicado imaginar algo natural que deje a tanta gente hecha cisco, como el que nos ocupa, y lo más raro, sin que nadie sepa explicar qué coño es lo que ha pasado, si un asteroide, un maremoto o una estafa de proporciones cósmicas, que es lo que parece ser. De momento.