Cómo todos conocemos estamos entrando en un periodo histórico especialmente en Canarias que nos hace penar en una vida perra.

Quizá por este motivo, o para captar el poderoso voto canino, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, jase jase sus segundas jornadas intensivas dedicadas a la mascota en las que cualquier indígena podrá saber todo aquello que nunca se atrevió a preguntar sobre su perro. O la perra del vecino.

Son sesiones como un taller para quitarle las manías. Otro de peluquería, uno más para que el perro no se esté cagando por los pasillos de las casas consistoriales, un quinto para cómo actuar si el chucho come algo envenenado, como una hipoteca, entre otras muchas temáticas que no incluyen cómo interpretar el movimiento del rabo y su paralelismo en los seres humanos. La primera jornada, hoy, tiene su momento álgido con una mesa redonda y sin esquinas para evitar sorpresas titulada La convivencia Perros-Ciudad, en la que, hay que joderse, "diferentes expertos en el mundo del perro en nuestra comunidad disertarán sobre cómo mejorar la convivencia en Las Palmas de Gran Canaria con nuestros perros", y su trasfondo filosófico como animal municipal.

Para mañana dan más friskis con varias agotadoras propuestas. Un canicross de casi cinco kilómetros y que avala la necesidad perentoria de un futuro carril-perro, y una exhibición de mondioring, en la que el animalito salta mondioring y da vueltas sobre su propio eje. Y para todos aquellos a los que su gran danés no los haya arrastrado hasta Cabo Verde, más peluquería, rianga otra carrera con el perro, y hasta un especial lobo herreño para conocer sus prestaciones.

Se complementan estas imprescindibles actividades con la dotación de parques urbanos para perros, nuevas normas para perros, la exaltación del perro como parte del escudo local, y el abrillantamiento y puesta al día de los perros de Santa Ana.

Por mi Lolo, mixturado genético de incierta procedencia, mato, y se festejaría en copas esta jotera sensibilidad, pero ocurre que choca un punto con unos presupuestos y servicios muy deficientes para atender a personas que ya no mueven el rabo, que lo pasan perro y no tienen pienso que echarse al hocico.