Ahora se llama técnicamente Coalición Canaria en Fuerteventura, pero en realidad vamos a hablar del gen Asamblea Majorera, que es un integrante genético clave del nacionalismo interinsular canario.

Las mismas personas que hace casi cuarenta años convirtieron la lucha contra el tercio don Juan de Austria III de la Legión en su leit motiv fundacional, un toque de cornetín, perdóneseme el ejemplo, que agrupó a la izquierda no socialista junto a algunos retales de UCD en un objetivo común de ámbito majorero, han vuelto a la carga. Conste, sin embargo, que en ese tiempo del precámbrico democrático había motivos para la alarma: una numerosa tropa legionaria procedente del desierto, replegada cuando España abandonó el Sahara, fue socialmente impactante en una población alejada hasta entonces de las tensiones de la geopolítica. Fue como un choque de civilizaciones, a lo bruto y en poco tiempo. Pero aquello pasó. Se fue.

A partir de ahí, AM-CC ha considerado casus belli todo lo que tenga relación con las FF AA sea cual sea su naturaleza. Se ha ignorado sistemáticamente un dato fundamental: la irreversible situación geográfica del Archipiélago, y dentro de él, de Fuerteventura, así como los riesgos inherentes a la posición en que se encuentra el Archipiélago.

Fue frecuente en el oasis macaronésico la creencia de que la paz y el buen rollito vecinal son cuestión de solemne declaración unilateral. Los pacíficos tuareg que vivían en Tombuctú cuidando legajos heredados desde los tiempos más remotos, se vieron apaleados, azotados por la furibunda sharia y despojados de su valiosa historia por grupos de bandoleros y radicales yihadistas. Además, las razones para sospechar que tanta instalación militar puede tener la finalidad de blindaje frente a un posible conflicto bélico por el petróleo podrían ser los mismos síntomas paranoicos que suelen derivarse del clásico trastorno narcisista de personalidad.

Tampoco son tantas las instalaciones declaradas de interés nacional de la defensa en Fuerteventura: el campo de tiro de Pájara, las antenas de La Muda y el cuartel de El Matorral, y aunque siempre se pueden discutir y negociar límites o espacios, el fondo de la cuestión es indiscutible, como todos los asuntos de la seguridad nacional, aquí y en las pacíficas montañas suizas.

El campo de tiro de Pájara está en Pájara porque en su momento ocurrió como con La Isleta: era un lugar aislado, deshabitado y estratégico en una isla que en sí era la más desierta e improductiva agrícolamente del archipiélago. La necesidad de una zona segura de entrenamiento con fuego real y para la práctica de ejercicios tácticos es evidente, sobre todo en un punto clave, internacionalmente considerado así, de la estabilidad regional y global. Canarias está a la misma distancia de Tombuctú que de Sevilla. Asistir a los seminarios multilaterales de Casa África sería una estupenda preparación para no decir tonterías.

Las antenas de La Muda son otra obviedad: sirven para escuchar, detectar y poder efectuar análisis de situación con datos objetivos y, por lo tanto, para desarrollar procesos de reacción ante cualquier amenaza inminente o en evolución. Y El Matorral, pues cumple la función de la agrupación y concentración de fuerzas y de elemento logístico imprescindible.

¿Blindaje, pues, ante un supuesto conflicto bélico por el petróleo? O por los pirulís, antecedente histórico-gastronómico del chupa-chups. El integrismo yihadista no aparece ni considera enemigos en función de la existencia de hidrocarburos o de mangos y aguacates: Malí es una región pobre entre las más pobres, como todo el Sahel. Las amenazas de corte fanático siempre tienen una disculpa, y una rendija abierta: la mejor rendija para el fanatismo descerebrado es la indefensión. Los robabolsos son más activos con las viejas que con los jóvenes de gimnasio a quienes los bíceps actúan como eficaces elementos disuasores para la protección de sus mochilas.

Por otra parte Fuerteventura no es la única isla con instalaciones militares o de prevención para la seguridad nacional: Gran Canaria es la que más, con La Isleta, Gando, el Arsenal, Barranco Seco, Los Pechos.... Y Tenerife, lo mismo; y todas las demás en su escala.

En las últimas décadas, Defensa ha tratado de combinar el desarrollo urbanístico de las ciudades o la exigencia de nuevas infraestructuras civiles básicas con las nuevas directivas y despliegues. Siempre hay zonas de fricción, pero en todo choque de intereses hay líneas de encuentro y negociación. Otra cosa muy distinta es un antimilitarismo de nevera, trasnochado y fracasado, en la teoría, en la praxis y en la comparación.

Esta es la verdad; y luego está la cartelería electoral. O los sirocos con ventilador.