Portugal puede presumir de haber sido el primer país del universo conocido en exportar a un antiguo maoísta a la presidencia de la Comisión Europea. Me refiero a José Manuel Durão Barroso. Viene esto a cuento porque he leído las recetas neoliberales que el presidente Durão propone para salir de la crisis y a uno le cuesta entender cómo aquel marxista-leninista (versión china) de los setenta ha podido dar un vuelco tan espectacular en su trayectoria política. El antiguo izquierdista propone a Francia que reforme sus pensiones, a Holanda que pinche su burbuja inmobiliaria, a Alemania que aumente su demanda, a Bélgica que recorte y a España que modifique el cálculo de la jubilación. Durão, como se sabe, era un activo agitador cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Lisboa, donde fue responsable del maoísta Movimiento de Reorganización del Partido del Proletariado (MRPP). Eran los tiempos felices de la Revolución de los Claveles, cuando los grupúsculos de la extrema izquierda pugnaban entre sí por ser más radical que el otro (en España, por cierto, se repitió la misma historia en la transición). Como muestra de aquel infantilismo puede servir los exabruptos de los dirigentes del MRPP contra socialistas y comunistas, a los que llamaban "social-fascistas".

Las ideas de Durão debieron ser poco convincentes porque en los ochenta dejó la revolución permanente en el cuarto trastero para abrazar a la derecha pura y dura. La última vez que acudió a los comicios fue votado por el 40% de los portugueses y resultó elegido primer ministro; en cambio, el MRPP obtuvo el 0,6% de los votos y no consiguió escaños. Recuerdo que una noche de abril de 1976, durante la campaña de las primeras elecciones tras el golpe de los capitanes, hice amistad y acompañé a un grupo de militantes del MRPP por las calles lisboetas en una pegada de carteles, más atraído por el encanto natural de una de sus camaradas que por el maoísmo. La colaboración internacionalista se prolongó en los bares del Barrio Alto y terminé a altas horas de la madrugada con una simpática borrachera y una insignia del MRPP que aún conservo. Siempre me quedará la duda de saber si uno de aquellos militantes fue el que hoy es presidente de la Comisión Europea y brillante neoliberal Durão Barroso.