Todo viene junto: la rebaja de las pensiones, la abundancia de sumarios judiciales en torno a los aledaños del poder, el hambre de los niños o, según su versión políticamente correcta, los niños insuficientemente nutridos€ Es uno de esos momentos en los que el autobús en el que nos dirigimos a ninguna parte, apesta. Yo me bajo en la próxima. Lo malo es que no podemos bajarnos, eso, y que a veces es uno mismo el que apesta. ¿No les ha ocurrido nunca levantarse con la sensación de que el mundo, a tu alrededor, apesta, cuando el que apesta eres tú? Me lo dijo el dentista hace unos días:

-En ocasiones tiene uno en la boca infección que no produce síntomas, pero que provoca efectos desastrosos en el aliento, y el último en enterarse es uno mismo.

El caso, decíamos, es que todo viene junto, todo se junta. Se estropean la lavadora y el lavavajillas al tiempo, y coges una colitis el día de tu boda. El día de mi primera comunión tenía 38 grados de fiebre a primera hora de la mañana. Mi madre se quedó aterrada cuando leyó el termómetro. Suspender la ceremonia y su celebración era un desastre porque ya se había hecho la inversión en el traje y en los canapés. Y una inversión de esa naturaleza, significaba un roto en una economía de por sí hecha polvo.

-Todo viene junto -dijo mi madre con una angustia hiperrealista dibujada en el rostro. Parecía una angustia de Anto-nio López.

38 grados por la mañana significaba que a la hora de comer tendría 39 o cuarenta. El caso es que era la primera vez que yo escuchaba aquello: Todo viene junto. Desde entonces, aunque no me ha venido todo siempre junto, he vivido con el pánico de que sucediera. Por la comunión, no se apuren: transcurrió en perfecto orden, solo que el recuerdo que tengo de ella es el de una alucinación. Para empezar, iba vestido de almirante. Quiere decirse que aunque a veces todo venga junto, llega un momento en el que, de un modo u otro, se separa, aunque se separe a base de fiebre. Total, que igual las cosas terminan bien. No se me vengan abajo.