Una vez más Madrid no ha alcanzado su sueño de ser ciudad olímpica. Un hecho que, a buen seguro, para todos los españoles ha sido otra decepción. No obstante, entiendo que sería injusto que lo acontecido lleve a poner en duda que la capital de nuestro país merezca la mayor de las consideraciones por su Historia y por el relevante papel que siempre ha desempeñado.

Fácil es atacar todas aquellas empresas que no resultan vencedoras. Y, del mismo modo, las personas que llevan el timón del barco. Quizás porque, igualmente, serían los primeros en recibir los elogios en el caso de llegar a la meta deseada. Ese es el precio que hay que pagar. La delgada línea entre ganar o perder.

Ese es el ser o no ser de los que se arriesgan. De todas aquellas personas que no se conforman y que aspiran a lo máximo. De ahí que tenga claro que muchos grandes profesionales han dado lo mejor de sí para una meta que, al fin y al cabo, habría sido positiva para España, no sólo Madrid.

Decía el famoso escritor Oscar Wilde que tenía gustos simples porque le satisfacía lo mejor. Aspirar a ello es lícito y la mejor forma de demostrar que creemos nuestra valía. Se ha errado, posiblemente se han cometido fallos pero incluso la candidatura ganadora los habrá tenido.

Debemos persistir y aprender de los otros al igual que estos lo hicieron de sus antecesores. Las instalaciones, con el 85% ya terminado, son una realidad; sin olvidar que se trata de magnificas instalaciones al igual que todos aquellas de las que ya existen. El trabajo no ha sido en vano, no debe quedar en el olvido.

Quizás es necesario repensar ciertos planteamientos y reconducir distintos enfoques pero ello no quiere decir que lo hecho no valga. Todo lo contrario, vale y mucho. Como vale el esfuerzo de un deportista que pese a perder continua hasta ganar. De hecho, tenemos la fortuna, la buena salud y el ejemplo de nuestro deporte: Nadal, Gasol, las chicas de sincronizada y un sin fin de casos por los que todos nos sentimos orgullosos.

¿Acaso estos no han conocido lo que es perder en alguna ocasión? La respuesta es bien conocida por todos, como la medicina a tomar: trabajo, superación, ilusión y creer.

Ser o no ser, es la cuestión. En ello radica la diferencia entre creer o no creer. Cada uno es libre de elegir el camino que prefiera. Yo, con todos mis respetos, no me bajo de este barco.