Según los últimos datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el porcentaje de mujeres que ha teni-do una aventura fuera de una relación estable ha crecido hasta alcanzar el 14,7%; el porcentaje de hombres infieles, se ha man-tenido en un 21%. Pero, ¿quién se cree estos datos? ¡Nadie, por Dios! Si al menos le cambiaran el nombre, se me ocurre, por ejemplo Cómo mienten mujeres y hombres en una encuesta sobre Actitudes y Prácticas Sexuales del CIS.

Según afirman los propios sociólogos esta cifra en realidad sobrepasa el 50% como poco. Y es que el amor no es ciego sino un maravilloso ingenuo. Con datos reales, extraídos de numerosos sondeos, el 52% de las mujeres confesó haber estado con otro durante una relación estable. Cifra que, curiosamente, coincide en el hombre. Por tanto, habría que replantearse la infidelidad y la manera en la que la afrontamos, porque el amor no puede hacer "prisionero y custodiar al cautivo" que diría nuestro admirado Bauman. No sólo es insano sino imposible, pues la infidelidad registra sus picos más altos en horario de oficina. Sin embargo, creo haber descubierto la manera de acabar con los celos, las escenas, la desconfianza. Con el sinvivir. Les presento dos modalidades: cuernos preventivos, o bien, cuernos retrospectivos. Pueden elegir.

Cuernos preventivos son aquellos que se ponen antes de que tu pareja te sea infiel. No se trata de meterse en la cama con el primer 'yogurín' que se te cruce por una calle torcida en la que te pierdas, sino de no desperdiciar la ocasión cuando se te presente alguien absolutamente irresistible. De esta manera, el día que tu pareja regrese a casa "con su ropa oliendo a leña de otro hogar", tú llevarás horas durmiendo a pierna suelta con tus manos sucias de cazar bichos en la calle. Llevarás ventaja. Esta maliciosa opción tienes sus riesgos y beneficios. ¿Riesgos? Dinamitas desde el comienzo toda posibilidad de que la relación se base en el respeto al otro, o más bien, al trato acordado en la forma de amar (para lidiar sobre el respeto a uno mismo tendríamos que acudir a Paul Ricoeur, harina de otro costal). ¿Beneficios? No situarás a tu pareja en el centro de tu vida, de manera que una hipotética ruptura o el estado de ansiedad que nace ante el miedo de perder algo que se cree se 'posee', no se convertirá en un temor, una amenaza, y ¡vualá!, las mañanas se descolgarán alegres por tus ventanas.

Vayamos a por los cuernos retrospectivos. ¿Qué son? Uno hace una revisión de su relación y tras sumar infidelidades por parte del otro, decide vengarse. La venganza es la primera causa de infidelidad en la mujer y la segunda en el hombre. Y, sí: unos cuernos vengativos saben a gloria bendita. Es una manera de resarcirte del daño que has sufrido y para ello utilizas a otra persona, para asumir una posición de fuerza frente a tu dolor y tu herida. Se los recomiendo encarecidamente. ¿Riesgos? Ninguno. ¿Beneficios? Infinitos. Llegas incluso a reconciliarte secretamente con tu amado infiel. Es un chute de resiliencia en vena. Me atrevería a decir que, son incluso, retorcidamente curativos: ¡Sí. Fui yo quien lanzó la piedra contra el cristal, quien hizo que tus ojos se quebraran como la escarcha pisoteada. Porque son tus lágrimas ahora mi fiesta!

Hoy día, a pesar de los liberales que nos hemos vuelto, seguimos sin aceptar la infidelidad, el único pararrayos de la indignación moderna. La impotencia que despierta esconde una trágica verdad: nadie puede serlo todo para otra persona. Y, sin embargo, engañar nos sigue pareciendo una canallada, pero una canallada en la que caemos con suma facilidad. Cuando hay formas mucho más sutiles y dolorosas de engañar a una persona, que acostarse con otra. Ser fiel no tiene nada que ver con un mandamiento divino ni con un certificado, sino con la promesa que hemos hecho a la persona amada. En el fondo, la infidelidad nada tiene que ver con el sexo, sino con el engaño en sí. Ahora cabría preguntarse, a quién estaríamos mintiendo si no engañáramos a nuestra pareja, aún deseándolo con todas nuestras fuerzas. ¿A uno mismo, quizá? Ayúdame Paul.

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