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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El análisis

Consciencia

El fenómeno Podemos está precipitando en una organización social que, apartándose de los cánones clásicos de las organizaciones políticas al uso, auspician ser más esponjosos al objeto de ser más transpirables. Una organización a través de la cual no se vean ahogadas las iniciativas de las bases por la hegemonía del aparato del partido.

Difamar a quienes toman consciencia, de populistas, es permanecer anclados en aquellos tiempos en los que líderes salvapatrias hablaban a una masa popular huérfana y desarrapada por la Historia.

Podemos surge en una sociedad formada, en unos tiempos de crisis generalizada. ¡Qué mal estaría este país si no fuera capaz su sociedad de reaccionar ante la indulgencia, cuando no, ante la desorientación política!

Podemos no surge como respuesta a la corrupción, sino ante un Estado social, democrático y de derecho inerte, que se adapta a las razones de un sistema de libre mercado, en el que la desregulación aviva sus contradicciones, en el que se imponen el aquí y ahora a la razón, al presente con futuro.

Compendiar aquí las razones que como observador veo ante Podemos es absurdo, cuando no inútil, pues es claro que son sus componentes quienes lo van a hacer. Ardua labor en ese frente amplio de afiliaciones ideológicas diversas y socialmente transversal para conformar su discurso, pero a buen seguro, que parte de ello vendrá de las diferencias entre lo que fue la propuesta de Occidente al bloque entonces socialista, es decir, entre el denominado "welfare state" y el Estado damnificador. Luces y sombras de ambos sistemas.

Contradicciones que asimismo tendrán que compartir con otras iniciativas políticas en relación con binomios tales como: progreso-productividad, crecimiento-sostenibilidad, competitividad-eficacia, solidaridad-compromiso. En un entorno del primer mundo con necesidades del tercero.

De todos es conocida la labor política que ya ha operado Podemos en los partidos clásicos, al menos en la izquierda, en cuanto a sus formas de participación y al empoderamiento que supone el posicionamiento social frente a sus afiliados y seguidores, de cara al enraizado tramado que, desde los partidos políticos se han venido dando en las distintas estructuras sociales y económicas del país, con las consecuencias conocidas y por conocer.

Es ese segundo orden de la estructura de poder al que Podemos no llegará, y en el que se agudizarán más las contradicciones programáticas, y me estoy refiriendo al mundo empresarial, quizás el más articulado, el gran promotor y generador de actividad económica y que con más elocuencia aplica las políticas, y el que rivaliza con el sector público. La consolidación social de Podemos la abocaría a la concertación. Hoy a Podemos sólo le cabe su orden programático contra la Banca, los contratos públicos, y la corrupción, y por supuesto airear sus políticas sociales y culturales, donde se me antoja difícil discutir. Pero habrá que bajar a esa arena política de la empresa, para no caer en el ensimismamiento doctrinal y en la desilusión.

Que sean las encuestas las que hagan movilizar a los partidos tradicionalistas ante las anunciadas pérdidas de votos, y que sólo lo sea para llevar a cabo políticas de captación de votos, se me antoja una actitud miope y cortoplacista que este país no se merece. Aferrarse a la ley para discutir de futuro es una celada abyecta, como lo fue para los canarios aquella disposición transitoria tercera de la Constitución del 78, que venía a decir aquello de: "los canarios serán oídos"; lo que no merece más explicación para el lector.

Por ello hay que saber despedir a los padres, y honrarles en su memoria, para evolucionar sobre estos.

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