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La Provincia - Diario de Las Palmas

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A la intemperie

El corazón

Vi en el metro a una mujer que había reconstruido sus gafas, rotas por el puente, con un pedazo de cinta adhesiva. Luego, en la cafetería, vi otras gafas, en esta ocasión sobre el rostro de un joven, cuya patilla derecha permanecía unida a la estructura gracias a un trozo de esparadrapo. El caso es que empecé a fijarme en las gafas de la gente y descubrí que un alto número de ellas padecían de averías importantes que los usuarios habían arreglado con remedios caseros. La crisis, me dije, la crisis ha llegado a los ojos. Según mis cálculos, había comenzado en los pies, en los zapatos si ustedes quieren. El transporte público es un lugar único para observar, sin resultar impertinente, la calidad del calzado. El año pasado, en pleno invierno, vi personas en zapatillas ligerísimas, en chanclas, en botas militares astrosas de la Segunda Guerra Mundial o así. Descubrí asimismo zapatos, que habiendo sido muy buenos en su día, presentaban grietas de una profundidad descorazonadora. Si ahora mismo, me dije, apareciera un periodista de The New York Times, no tendría que acudir, como antaño, a los contenedores de basura; bastaría con que recorriera cuatro o cinco líneas de autobús y otras tantas de metro, obteniendo fotografías de los pies de la gente, para conocer nuestra verdadera situación.

Tras manifestarse en los pies, y antes de aparecer en la gafas, la crisis se reveló en la dentadura de los contribuyentes. Algunas personas hablaban como si padecieran de una parálisis labial. ¿A qué viene esta plaga?, me pregunté. Venía a ocultar el hueco dejado por un incisivo, un canino, un premolar? Se ocultaban las caries como se oculta una vergüenza, pero cuando el interlocutor bajaba la guardia (al esbozar una sonrisa, por ejemplo), ponía al descubierto su desastre bucal. Y bien, la crisis, como señalábamos al principio, se ha instalado en las gafas sin abandonar los territorios conquistados anteriormente. Significa que caminamos mal, masticamos mal y vemos mal. El significado, como siempre, ha aparecido en la periferia, en este caso en la periferia del cuerpo individual, pero la veremos pronto en la del cuerpo social. ¿Qué digo pronto? Ya está ahí, aquí, ya está en la clase media, que es como decir que ha tocado el corazón.

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