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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Papel vegetal

Black Friday

Ayer se celebró el Black Friday (Viernes Negro). La invasión de los mores anglosajones vía los EEUU y el cine de Hollywood, exportador privilegiado de su estilo de vida y colonizador de nuestras pantallas no parece encontrar obstáculos. Hace poco sufríamos, como el resto del mundo, un nuevo Halloween, y vimos los escaparates inundados de calabazas, disfraces de zombis, de esqueletos, de diablitos o de brujas con sus capuchas y sus capas negras. Y vimos también una vez más cómo padres que muchas veces se quejan de lo que cuesta hoy el material escolar de sus hijos no parecía que les moleste gastarse el dinero en darles a sus criaturitas el capricho de disfrazarse esa noche. Ahora, los comercios e incluso las agencias de viajes proponen el Black Friday, jornada que en Estados Unidos sigue al llamado Thanksgiving, Día de Acción de Gracias, y que allí se aprovecha para adelantar las compras de Navidad con un fin de semana de descuentos como se pretende hacer también aquí.

En su publicidad, algunos supermercados ya no hablan de "compras", sino de "shopping", otra muestra más del papanatismo que nos invade y que no parece tener remedio. Dentro de poco comenzaremos a celebrar también aquí el Thanksgiving, el día en que los norteamericanos conmemoran la fiesta que, en agradecimiento por una buena cosecha, celebraron los primeros anglosajones que llegaron a aquellas costas junto a una acogedora tribu india que no podía sospechar la suerte que iban a correr los nativos a manos de los futuros colonizadores. En su ignorante soberbia, muchos "wasps" (white anglosaxon protestants") parecen olvidar que cuando aquellos "peregrinos" llegaron a las costas de Massachusetts a bordo del Mayflower, los españoles llevaban ya un siglo y cuarto en aquel continente.

Mientras tanto, la publicidad sigue aprovechando todos los resquicios y no nos deja respiro. Así, el metro de Madrid anuncia que pronto en las ventanas de sus vagones se proyectarán imágenes en movimiento de vídeos publicitarios al paso de los trenes por los túneles. A los pobres usuarios de ese transporte público se nos vende el nuevo intento de invasión de nuestras mentes explicándonos que, aunque "pionero" en España, se ha implantado ya con éxito en Londres, Hong Kong o Santiago de Chile. ¿Y qué?, diríamos nosotros. La estación de metro del centro de la capital no se llama ya simplemente Sol, sino que ha sido bautizada -publicidad manda- Vodafone-Sol, y los altavoces del metropolitano omiten ya incluso su nombre de toda la vida para dejar sólo el de la empresa. Con la consiguiente confusión de muchos viajeros. ¿Hasta dónde vamos a llegar?

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