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La columna del lector

La universidad como baluarte social

Si la esencia de los campus universitarios peligra ante el evidente aumento de las tecnologías para servir como herramienta al conocimiento, se deben tomar nuevas medidas para adecuar estos espacios reservados a la enseñanza de manera que resulten atractivos a los jóvenes y útiles a la sociedad que espera con anhelo la llegada de nuevos profesionales al escenario político, empresarial y educativo.

No podemos esperar de este Gobierno que transmita valores a los cuales no parece haber tenido acceso ninguno de sus representantes. Es obvio que todo debe de ser analizado con cordura, calibrando los mejores métodos y transmitirlos a la enseñanza según requieran sus necesidades; las aulas son, junto al recinto universitario, un mundo en el cual conviven diferentes sociedades interesadas en conseguir el mismo objetivo común: el aprendizaje.

Si no dotamos con los elementos adecuados está convivencia dejándola tan solo en el uso de las tecnologías perderemos algo que estas no podrán darnos: el razonamiento y la utilidad al servicio de la sociedad.

Dirimir sobre aspectos enriquecedores para que las futuras generaciones puedan llevar a cabo un progreso afín al tiempo se pronostica indispensable, la capacidad para dotar a estas de los recursos óptimos es labor de un Gobierno emergente con altas dosis de mirar hacia adelante en lugar de apostar por rebajar el acceso a los medios de estudiantes altamente cualificados para desempeñar labores de importancia en el resurgir de las sociedades. Por ello los gobiernos deben apostar por la mejora de sus universidades, la adecuación de sus centros de enseñanza y el fortalecimiento del educador; no tener en cuenta todos estos análisis de sentido común conlleva el riesgo de caer en el fracaso más absoluto.

Proteger las iniciativas y tratar de llegar a acuerdos para recuperar el tiempo perdido puede significar ser un país mirado con res-peto o lastrado por la ignorancia. La piedra está sobre el tejado del Gobierno y este debe reemplazarla por un edificio consistente pa- ra no verse dañado en la base de su supervivencia.

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