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El análisis

Nuestros eucaliptos

Todos somos, antes o después, de otra parte. Y aunque fuéramos sólo de aquí: ¿dejaríamos de sentir nuestros paisajes tal y como los amamos?

Los cipreses son griegos, y los melocotones a lo mejor son persas, y las plataneras no sabemos ni de dónde son, sólo que son de otro lado. Y cierto es que hay pinos que son canarios, y palmeras que también lo han de ser. Pero, miro acá y allá y descubro castaños traídos de la Península, y aguacates mejicanos, y kiwis neozelandeses. Y las flores del almendro: ¿de dónde son? ¿Y las negras y bruñidas aceitunas?, ¿y las buganvillas?, ¿y los rosales?, ¿y los lirios y los nardos que florecen tras nuestro invierno templado? ¿Quién trajo el trigo y el maíz, las papas, los pimientos y las calabazas?, ¿quién dejó prendida la primer tunera, quién esparció involuntariamente la primera amapola?

Llevamos tanto tiempo modelando nuestro paisaje que cuesta imaginarlo sin nuestra propia presencia y la de las plantas que hemos traído y llevado. Y qué difícil resulta ser juez cuando somos parte en esta larga historia. Qué difícil sentenciar lo que está bien o está mal, especialmente en nuestros paisajes domesticados.

Y claro que hay plantas invasoras con las que debemos tener una especial prevención ante sus efectos adversos en nuestros ecosistemas naturales. Debemos de ser cada vez mas exigentes con nosotros mismos en la conservación de los ecosistemas naturales que nos va quedando: nuestros pinares y lentiscales, o nuestros palmerales, si bien muchos de éstos también son el resultado de nuestra actuación pasada.

Hablamos de nuestra naturaleza cultural y cultivada. La de nuestros parques, nuestros jardines, nuestros campos, nuestros bordes de carreteras y caminos. Una naturaleza que es el resultado de nuestra utilidad y de nuestros sentimientos de belleza y de nuestra ética. ¿Debemos ser severos con las plataneras porque son de fuera? ¿Debemos renunciar a nuestro paisaje por ser fruto de la importación, del mestizaje?

Y cuando parte esencial de nuestras vivencias, de nuestros paseos, de nuestras panorámicas, son unos árboles inmensos, centenarios, troncudos, fragantes, de copa desmedrada pero acogedora de sombra... ¿somos capaces de ultrajarlos, de menospreciarlos sin más, como si fueran una bagatela de usar y tirar?

Son nuestros eucaliptos y, sí, hunden sus raíces al otro lado de la Tierra ... ¿y qué?

Los miro y sólo veo en ellos tiempo: nuestro tiempo centenario, nuestra historia interior, a los que vieron pasar, ya grandes y copudos, a las recuas de mulos y a las primeras guaguas, a las vespino y a los seiscientos, los que resguardaron del mediodía al cabrero y a las somnolientas cabras, los que vieron cómo crecían nuestras urbanizaciones y se embetunaban con asfalto los caminos de tierra. Son las perchas de nuestras palomas, de las lechuzas y entre sus hojarasca hace vibrar al aire el grillo.

Como el pino de la Corona de Platero y yo, ya estaban aquí cuando éramos chicos y son lo único que no ha crecido cuando nos hemos hecho grandes. Se nos antoja que hace años se quedaron quietos y nos miran con la benevolencia de los abuelos.

Y, ¡pobre de nosotros!, nos sentimos amenazados por sus raíces... Nos llega a molestar el olor y el tacto de sus aromas... Despreciamos su sombra, quizás porque nos limitamos a verlos pasar raudos ante la ventanilla de nuestros coches, tan fríos de aire acondicionado. Tan fríos como nosotros mismos...

Sí: tenemos la fortuna de tener por vecinos a una parte de Australia o de Nueva Zelanda o de Nueva Guinea que alguien plantó hace muchos, muchísimos años.

¿Cuánto valdrías, eucalipto de mis paisajes, de la orilla de mis carreteras, si te tuviera que comprar en un vivero?, ¿qué tasa de interés bancario te asignaría, cuántos años de amortización, de crecimiento generoso?

No quiero saberlo. No me importa. Tu formas parte de mis pisajes. Prefiero esperar a que el tiempo siga transformándose en savia . Prefiero reposar mis instantes bajo tu copa, o descansar mi mirada en ti desde mi ventana. Prefiero que languidezcas contemplándonos, como lo has venido haciendo hasta ahora.

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