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Rubén Reja

El fantasma del Córdoba

El fantasma del Córdoba apareció el domingo por unos instantes en el Estadio de Gran Canaria. Cuando todo estaba más que encarrilado para consolidar el liderato con un cómodo 4-1, la UD Las Palmas pecó de inmadurez deportiva y dio una imagen de equipo pueril, que empañó una actuación de una zaga que destila aromas de Primera División.

Jugadores de la experiencia que atesora la UD no pueden empañar un resultado y el buen hacer de una escuadra que ilusiona. La mejor muestra de la consistencia amarilla es que ha logrado, por primera vez en su historia, el título honorífico de campeón de invierno. Además lo hace como el máximo goleador, con 39 dianas.

Al espectáculo en forma de goles y de juego desplegado por los amarillos se le une un comportamiento inapropiado y vergonzoso de sus jugadores.

Profesionales que centran toda la atención mediática de la jornada y que, supuestamente, son el referente para los miles de aficionados que aman el fútbol y a la UD. Pésimo ejemplo para los más pequeños.

Después no nos asombremos que en partidos de categorías inferiores se repitan acciones lamentables en forma de agresiones. Se predica con el ejemplo. La erradicación de todo tipo de violencia, no obstante, debe tener una doble dirección. Desde la base en donde la educación es fundamental en el desarrollo de los jugadores. Se trata de ser competitivos, pero sin llegar a extremos primando los valores éticos por encima de las victorias y las pasiones.

La otra vía para mitigar el antifútbol debe partir desde la cima de los profesionales. Tarjeta roja directa para la UD por no saber templar los nervios y superar la tensión del momento ante el Zaragoza, que se ha cobrado tres importantes bajas para el próximo encuentro. En el caso de Ángel, la sanción por la caricia al preparador de porteros del Zaragoza será, a buen seguro, ejemplar.

Como se bromeó el domingo en el estadio, sólo faltó que los expulsados cogiesen la pala y la tierra depositada tras los banquillos para hacer las gradas supletorias y enterrasen al bueno de Paco Herrera. Un entrenador que no sólo tendrá que hablar de tácticas a sus jugadores, sino trabajar al máximo la estrategia mental, que en muchas ocasiones marca la diferencia entre los brillantes y los mediocres.

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