Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cartas a Gregorio

Las rebajas

Querido amigo, ¿a quién se le ocurriría comprar algo hoy a sabiendas de que mañana le va a costar la mitad o menos? Pero, aunque parezca increíble, es así. Navidad y Reyes es una de las épocas del año que las tiendas venden más, pero todo el mundo sabe que a partir del siete de enero empiezan las rebajas y los precios bajan un cincuenta por ciento e incluso más. La normal sería que la gente comprara cuando sabe que los precios van a subir, pero no y, contra todo lógica, parece que compramos porque los precios van a bajar...

Somos fieles y disciplinados y estamos a las ordenes de la sociedad de consumo que, a pesar de nuestra precariedad , nos obliga a seguir comprando el día de la madre, el día del padre, el día de los enamorados, en las rebajas de verano, en las de invierno... Dicen las estadísticas que hasta el ochenta por ciento de lo que compramos en las rebajas, ni lo usamos ni lo necesitamos. Estamos convencidos de que estamos comprando duros a cuatro pesetas pero, lo cierto es que pagamos un duro para que nos den cuatro pesetas o menos.

En otros tiempos las tiendas mantenían los mismos productos en sus escaparates y solo cambiaba el precio, ofreciendo una rebaja pero mostrando siempre en la etiqueta el precio anterior. Ahora resulta que sacan artículos menos comerciales que tienen en sus fondos o, generalmente, compran saldos en las fábricas para ofrecerlos en la rebajas, o sea, que no rebajan lo que tienen sino que compran cosas más baratas y las ofrecen al precio que les conviene.

En fin, Gregorio, más de lo mismo, y la gente haciendo cola para caer en la trampa. Pero es como un vértigo imparable para mucha gente y, más en particular, para algunas mujeres. Cuando empezaron las últimas rebajas me encontré con un viejo amigo. Iba de la mano con su mujer y me pareció un gesto muy cariñoso para alguien que lleva casado más de cuarenta años con la misma mujer. Unos días después me lo volví a encontrar, esta vez a él solo, y le dije: "Me sorprendió verte el otro día con tu mujer cogidos de la mano". Y él me contestó: "Es que si la suelto, se me va de compras..." Bromas aparte, creo que hemos estado alimentando una sociedad donde la felicidad se confunde con la capacidad de consumo, y nos costará mucho volver a contentarnos con las pequeñas cosas, como cuando éramos niños. El consumo es como una droga dura de la que hay que desintoxicarse y, si lo consigues, será mucho mejor para tu salud y para tu bolsillo.

Un abrazo y hasta el martes que viene.

Compartir el artículo

stats