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Préstenle atención

En las organizaciones jerárquicas (en el caso de que existan otras), se nota cuándo uno de su miembros va ser degradado o despedido porque la gente aumenta, respecto a él, la distancia de respeto que se solemos mantener con los otros. Se convierte en un apestado. El proceso es sutil, casi imperceptible. Con frecuencia, empieza a suceder antes de que se haya producido algún indicio visible de la exclusión. El olor a muerto se detecta con un olfato de orden psíquico cuya precisión es infalible. Si el muerto eres tú, lo primero que adviertes es que tus compañeros dan un rodeo inusual cuando pasan cerca de tu mesa. O que cuando estás esperando el ascensor, prefieren subir o bajar andando. Para hacer ejercicio, dicen, aunque es para no coincidir contigo en un espacio tan pequeño, por miedo al contagio. Si resulta que hay que hacerse una foto de familia, en torno a ti se sucederán corrientes de alejamiento. Hecha la foto, podrás observar la creación de una curiosa burbuja alrededor de tu cuerpo.

Hueles a muerto. El jefe todavía no te ha señalado. Es posible que ni siquiera sepa aún, al menos de manera consciente, que él mismo te va a degradar o a expulsar. En realidad, nadie lo sabe y al mismo tiempo lo sabe todo el mundo, incluido tú, que al principio lo niegas. Nos hay nada, absolutamente nada, son aprensiones mías, etc. En una segunda etapa, comienzas a analizar los comportamientos de los otros: Fulano ha evitado saludarme al coincidir esta mañana. Mengano ha dicho una frase de doble sentido. No me han invitado a la reunión de los jueves... Esta etapa es durísima porque hasta los detalles más nimios adquieren un significado ominoso. Ni siquiera puedes abrirte con aquellas personas con las que más confianza tenías dentro de la organización porque siempre encuentran el modo de evitarte.

Este cruel espectáculo no suele ser público, pues se da en el interior de microcosmos tipo oficina de correos o departamento ministerial. Ahora, sin embargo, tenemos un caso notorio: el de Pedro Sánchez, líder del PSOE. Tiene uno la impresión de que huele a muerto. Quizá él mismo lo haya notado. Hay gente luchadora que se repone de estas defunciones. Ignoramos si es su caso, pero valdrá la pena prestarle atención.

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