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Opinión

Rajoy o la fuerza de la gravedad

El jubilado, solapa enhiesta de furtivo, chaquetón marinero abotonado hasta las cejas, andar calmo y espalda comba por el peso de la vida, alcanzó la mesa del bancario. Resolló en la butaca y bajó la voz. "Quiero mis ahorros", soltó sin preámbulo alguno. El lunes. "Pero, don Manuel, ¿adónde va a llevar el dinero?", balbuceó aturdido el intendente. "Al colchón. ¿No ve usted lo que está ocurriendo?". Había pasado la noche en vela esperando el escrutinio en Grecia. Amanecía la ola Tsipras y temía el tsunami aquí impulsado por "Pablopoulus".

Miedo y recuperación económica, los ingredientes del año de la urna. Para el anciano asustadizo hay dos tipos de cuentas: las de Monedero, que acumulan euros santos para causas santas, y las del resto, que "vaya usted a saber, yo las cancelo". La artillería del PP ya está cargada con las balas de la resurrección.

Llamada a un dirigente popular que fue de los de José María y volvió con los de Mariano. Tiene los sermones de la última Convención del fin de semana frescos:

"Aznar sigue a lo suyo. Rajoy, también. La diferencia es que Mariano preside el Gobierno, y no quieren darse cuenta. Rajoy está mejor posicionado que hace unos años ante los que vie-nen a sacarle los pies del tiesto. Esperanza Aguirre se reengancha al líder, no sé si lo suficiente. Aznar brama para no perder importancia, pero el partido está con Rajoy.

"Lo de Aznar fue siempre desestabilizar, en especial cuando pierde el protagonismo. Le sobraron palabras, le faltó humildad. A Rajoy lo dio por ausente. Esas chulerías no me gustan. Nadie construye discursos como Aznar, aunque es más fácil realizar admoniciones que vender logros cuando los españoles sufren todavía tanta necesidad.

"Con Rajoy tengo una amistad de treinta años. Lo conozco bien. Quizá no sea brillante. Sí efectivo. Es honrado, de frialdad calculada y transmite confianza. Para estos confusos instantes me gusta más que Aznar. No le veremos jamás poner los pies encima de la mesa con Bush. Rajoy, o la normalidad".

Ante un Aznar inflamable, gas metano, Rajoy representa la ausencia de énfasis, de gesticulación, de exceso y de alharaca. No pueden esperar sus huestes que el aséptico registrador que anota con pulcritud imite al honorario.

La gravedad es una fuerza que todo cuerpo ejerce a distancia por el mero hecho de estar. Sin hacer nada, sin atesorar ninguna propiedad especial, un objeto modifica el espacio y el tiempo a su alrededor. Aznar acentúa lo grave. Rajoy, lo gravitatorio: ha logrado la energía invisible que hace girar en torno suyo el universo del partido. Cuando el desgaste hacía mella, los dioses han vuelto a susurrarle. Un huracán intimida a la España moderada y succiona a IU y PSOE. Y los socialistas no saben qué carta quedarse, si Pedro "Dandi" Sánchez o la Reina del Sur.

El país transita del bipartidismo hacia el frentismo. Derecha o izquierda será la elección y el combustible que pone de nuevo en órbita a Rajoy. El triunfo de la física corriente frente a la química explosiva.

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