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¿Quién nos cuidará en los próximos 20 años?

Hasta la Revolución Francesa, la esperanza media de vida no superaba los 30 años de edad durante los miles de años de existencia de la Humanidad. En la actualidad, en los países más desarrollados la esperanza de vida supera los 80 años.

Una sociedad civilizada se define, entre otras cosas, por la atención que presta a sus ancianos. Cicerón, el más grande orador de todos los tiempos, escribió en su libro Acerca de la Vejez que hay cuatro aspectos que hacen parecer miserable a la vejez. El primero era la idea negativa de la vejez como un concepto de marginación o exclusión de la sociedad. Es verdad que a medida que envejecemos existe una pérdida gradual de la condición física, pero como decía el propio Cicerón, las cosas grandes no se hacen con la fuerza o agilidad del cuerpo sino mediante el consejo, la autoridad y la opinión, cosas de las que la vejez no sólo no está huérfana sino que incluso suele acrecentarlas. Si tenemos grandes sabios, artistas y escritores octogenarios y siguen imponiéndonos en las listas electorales para alcaldes, diputados y gobernantes a gente que supera los 70 años de edad, ¿por qué negamos a destacados ciudadanos (médicos, profesores, ingenieros, científicos, etc.) el deseo de retrasar voluntariamente su jubilación?

El segundo aspecto que comenta Cicerón se refiere a las pérdidas inherentes a la vejez. La vejez no es sinónimo de enfermedad, aunque el deterioro gradual del cuerpo es un defecto que comparte con la enfermedad. Aparte de que el cabello se nos caiga o se torne gris y nuestra visión empeore por cambios que se producen en el cristalino, a medida que nos hacemos mayores los huesos se hacen más porosos y débiles. A los 60 años de edad, los españoles han perdido un tercio de sus dientes; después de los 85 años, más de un tercio los han perdido todos o casi todos. Mientras los huesos y los dientes se ablandan, el resto del cuerpo se endurece; es como si el calcio de nuestro esqueleto se acumulara en los vasos sanguíneos, articulaciones, músculos y válvulas del corazón. Para mantener el mismo volumen de sangre circulando por arterias más estrechas y duras, el corazón tiene que generar más presión. Más de la mitad de los mayores de 65 años desarrollan hipertensión arterial y se hace más difícil hacer ejercicios o subir escaleras porque sentimos que nos falla la respiración.

El tercer aspecto se refiere al espacio que hay que ofrecer al jubilado y al anciano, no solo como compensación por la deuda que la sociedad tiene contraída con ellos sino como una oportunidad para vivir el resto de la vida con calidad y dignidad y cambiar la experiencia individual del envejecimiento por algo mejor e incluso útil. Evitar la muerte prematura por enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cáncer está produciendo una rectangularización de la supervivencia en España: hoy hay tantas personas de 50 años como de 5. En los próximos 20 años habrá tantas personas mayores de 80 años como menores de 8. Hemos estado trabajando pensando en jubilarnos a los 65 años, pero se nos avecina un problema de tal envergadura que se ha convertido en una bomba de relojería que tiene fecha de explosión social. Con los contratos basura, los bajos sueldos, la temporalidad del trabajo, las rupturas familiares y el descenso en el número de hijos, los españoles hemos perdido la capacidad de ahorrar, nos jubilaremos con uno de los sueldos más bajos de la Unión Europea y no tenemos ni idea de cómo vamos a poder vivir solos cuando llegue la vejez.

El cuarto aspecto se centra en la vejez como antesala de la muerte. Como ha sucedido con varias especialidades médicas, se ha ido muy lento para confrontar los cambios que demanda la sociedad. Los grandes hospitales tienen cada vez más camas ocupadas con pacientes crónicos que deberían estar ingresados en modernos centros geriátricos bajo el cuidado de profesionales sanitarios entrenados en esa disciplina. La mejor manera de preparar a nuestro país para los próximos 20 años es empezar a construir centros sociales y sanitarios para quienes los necesiten por enfermedad o porque no puedan cuidarse por sí mismos o no tengan familiares que puedan o quieran hacerlo. Como ha pasado con tantos otros temas importantes, y por culpa de esa perversión permanente que tienen los partidos políticos de deshacer lo que el anterior llevó o intentó llevar a cabo, somos víctimas de una infeliz circunstancia que no considera la atención al jubilado y al anciano como lo que realmente es, un tema de Estado. De la manera que se sigue gestionando esta situación, España no va a poder cuidar a sus jubilados y ancianos en 2020. Con el dinero que vamos a recibir en nuestra jubilación, tampoco podremos hacerlo nosotros mismos. Buen día y hasta luego.

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