Decía Isaías profetizando la llegada del Mesías que "oprimido y afligido como un cordero llevado al matadero no abrió su boca y como oveja llevada ante sus trasquiladores permaneció mudo", ayer me acordé de Isaías oyendo a un seguidor del nazareno, era un sacerdote ortodoxo sirio que hablaba por la radio y manifestaba la muerte de un familiar, por un único motivo, ser nazareno, como llaman a los cristianos los yihadistas. Miles de cristianos están sufriendo un éxodo en sus tierras de origen por culpa del islamismo radical, pero él no hablaba de venganza ni de violencia lo asentía como si fuera la voluntad de Dios, y con el convencimiento de que nunca le podrán quitar su fe porque si no se lo quitarían todo, pero esto no es nada nuevo, este año se conmemoran los cien años del genocidio desconocido del pueblo armenio, el 25 de abril de 1915 cerca de dos millones de personas murieron por ser cristianos a mano del Gobierno otomano islámico de lo que hoy es Turquía, fueron asesinados en un desierto, un genocidio que pasó inadvertido para el mundo y nunca reconocido por los turcos, al igual que hoy está pasando inadvertido el genocidio de los cristianos en Oriente Próximo y en África. El éxodo de los cristianos árabes de Siria, Irak, y otros lugares, donde los cristianos son víctimas de crímenes contra la humanidad, pero ahora no sé por qué, quizás sea porque la semilla del cristianismo siempre han sido los mártires, mártires que predican el amor no la violencia, mi mente me lleva a Jerusalén en torno a la basílica donde su redentor sufrió y resucitó se encuentra un pequeño asentamiento de armenios hijos de los mártires del holocausto armenio, en un pequeño barrio que lleva su nombre y si tienes la suerte de estar en Jerusalén y llegas nada más amanecer a la Basílica del Santo Sepulcro los verás allí rezando en alguna pequeña capilla, allí ellos claman a su Dios de Paz, sin llamar la atención, con cánticos de resurrección, la fe de un pueblo que ha sufrido como su Mesías, como ovejas llevadas al matadero un pueblo afligido y oprimido y con la esperanza que les dejó el nazareno y con la sencillez de sentirse nazarenos, algo que ningún asesino les podrá quitar jamás porque ellos creen en un Mundo justo en esta vida o en la otra.

Jesús Alberto Reyes Cornejo