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Nuestros patriotas

El todo a cien llega a la universidad de la mano de Wert, el antiministro de Educación y Cultura por antonomasia (signifique lo que signifique antonomasia). Hablamos de un topo, de un quintacolumnista infiltrado en un mundo que por alguna razón detesta y a cuya destrucción dedica todos sus esfuerzos.

Él es el responsable, por ejemplo, de que el IVA de la pornografía ascienda al 3% mientras que el del cine, el del teatro, o el de la literatura sea del 21%. Un porcentaje mortal, diríamos, de muerte, tanto, que de hecho viene matando iniciativas culturales por un tubo. La furia destructiva de Wert llega ahora a las carreras universitarias, transformadas en una suerte deplorable de todo a cien. Significa que para ser licenciado, por ejemplo, en Biología usted solo tendrá que pasar tres años por la facultad, previo pago de las tasas.

Le darán su título, pero será un título de imitación, como los bolsos de Loewe falsos fabricados en China. De lo que se trata, en fin, es de guardar las apariencias sin dejar de esquilmar a las clases medias. Ahora bien, si usted pretender ser un biólogo de verdad tendrá que hacer otros dos años, esta vez bajo el título de máster, que solo podrán pagar los ricos.

El todo a cien es tendencia, pues. Lo vemos también en los pasillos de los hospitales, repletos estos días de pacientes que se visten y se desnudan y se mueren a la vista del público. Si ustedes quieren que les traten como Dios manda, páguense una sanidad privada.

Fíjense en el bazar de chinos en el que se ha convertido asimismo la justicia. Pongamos el caso de los preferentistas, a los que vemos protestar en los telediarios. No tienen pinta de tiburones financieros, sino de jubilados a los que acaban de robarles los ahorros. Sabemos quién se los ha robado, con qué artes, en qué fecha, sabemos dónde está el dinero.

¿Cómo es posible entonces que la justicia no intervenga para que se les devuelva lo que con tanto esfuerzo lograron reunir para hacer frente a la vejez? ¿Acaso estamos esperando a que se mueran? Pues sí, aguardamos su muerte porque vivimos en una justicia de todo a cien, en una universidad de to-do a cien, en una sanidad de todo a cien, y así de forma sucesiva. Nuestros patriotas son de todo a cien.

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