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El callejón del gato

El centro está petado

Siempre me he manifestado un acérrimo defensor del librepensamiento, que no es otra cosa que una persona que forma sus opiniones sobre la base del análisis imparcial de hechos y que es dueña de sus propias decisiones.

Ahora que se acerca un tiempo de elecciones todo el mundo, atraído por una fuerza invisible, tiende hacia el centro político como la panacea que los va a catapultar del éxito en las urnas hacia el Olimpo.

Tanto el PP como el PSOE parecen resbalar por una rampa hacia el centro ideológico en un esfuerzo ímprobo por moderar su discurso en busca del voto mayoritario de este país. Pero no queda ahí la cosa, los partidos emergentes corren en pos de alcanzar las mismas cotas de éxito copando el mismo espacio que todos quieren ocupar.

¡No hay tanto centro para meterlos dentro! El centro esta petado de todos los colores del arco iris ideológico. Se apresuran a decir "donde dije digo digo Diego" o, lo que es lo mismo, si hay que decir lo contrario que hasta hace poco se decía, pues se cambia y santas pascuas aleluya.

"Todos los caminos conducen a Roma", que dice el refranero, demostrando paradigmáticamente que se puede llegar al mismo sitio diciendo una cosa y la contraria. Es digno de los grandes maestros del ilusionismo ver cómo se soluciona el asunto del paro, de la pobreza y la corrupción con recetas que no tienen desperdicio pensando que el ciudadano de a pie es tonto del haba.

La mayoría de ellos se equivocan pensando que dado el estado actual del país con solucionar el tema económico se acaba todo el problema, pero no es suficiente. El presidente del gobierno sabe que además de las cuentas tiene que hacer una limpia dentro del partido que es imprescindible para que se produzca la tan cacareada "regeneración" justa y necesaria, como diría el misal romano.

Las viejas recetas ya no hacen efecto al enfermo que se ha inmunizado contra los anticuerpos de una sociedad enferma, falta de la ética y moral necesarias para ir con la cabeza alta por foros y tribunas sin que les saquen los colores.

Hay una cosa que querría decirles a aquellos que prometen lo que luego no pueden cumplir, y es la siguiente: "Deseo proponer a la favorable consideración de los políticos en cuestión, una doctrina que, me temo, podrá parecer desatinadamente paradójica y subversiva. La doctrina en cuestión es la siguiente: que no es deseable creer una proposición cuando no existe fundamento para suponer que sea cierta".

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