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El análisis

¿Dónde está la corrupción?

La corrupción es uno de los principales problemas que tenemos los españoles, y no hace falta que lo digan los datos demoscópicos, y estadísticos, que lo dicen, basta con escuchar las conversaciones que tenemos con nuestros amigos y compañeros, para poner de manifiesto la indignación.

Y la impresión que tenemos es que está generalizada, pero cuando profundizamos un poco llegamos a unas conclusiones sorprendentes.

A nadie se le ocurre ofrecer un soborno a un policía, sabemos que quedamos automáticamente detenidos, no ofrecemos a un bombero un regalo por extinguir un incendio o por rescatarnos de un ascensor, no se nos ocurre ofrecer algo a un funcionario para que nos resuelvan antes un recurso. En definitiva a la gente normal no le cabe en la cabeza que se pueda ir por la vida esperando un trato de favor ofreciendo corruptelas o corrupciones, pero por el contrario tenemos la sensación de que la corrupción existe, y no nos sorprende que haya detenciones y decimos entonces que son merecidas.

Entonces, ¿qué sucede?, porque si en lo cotidiano no aceptamos la corrupción, tenemos la sensación que está extendida.

En mi opinión la respuesta es relativamente sencilla. La corrupción está muy extendida en un nivel que el ciudadano medio no la puede ver pero sí sentir.

Vemos como para hacer una obra en casa, cuando tenemos que reparar la fachada de un edificio y que el Ayuntamiento nos obliga a ello, tenemos que pagar unos impuestos que otros no los pagan porque consiguen que los concejales les reduzcan la fiscalidad. Vemos que tenemos que pagar servicios públicos que produce una empresa que infla sus gastos para que otras tengan unos beneficios irreales. Vemos que cuando se hace una obra pública, los costes finales son excesivamente altos por unos modificados que nos resulta sorprendentes que no se hubieran previsto. Vemos que tenemos un REF que beneficia de manera desmesurada a unos pocos mientras que los demás pagamos nuestros impuestos desde el primer al último euro. Vemos que se dan monopolios a unos que sufrimos todos.

No somos conscientes de que el beneficio de unos lo pagamos los demás, que las reducciones fiscales exageradas redundan en una reducción de servicios públicos o en que los demás ciudadanos tengamos que pagar lo que otro se ahorra. Si fuéramos conscientes, resolveríamos los problemas de otra manera, pero en cambio sí somos conscientes de que la intuición nos lleva a pensar que esto no funciona y que unos pocos se lo llevan crudo y que son los de siempre.

Y desde luego, el sistema va agotando la capacidad de respuesta, cada vez tenemos la sensación mayor de que nos están tomando el pelo, aunque no identifiquemos que son el REF, que nos impide el comercio electrónico, por ejemplo, los beneficios fiscales de unos por comprar simples pisos y acaparar propiedades o crear empresas ficticias, las adjudicaciones de obra, las adjudicaciones de servicios públicos, los permisos municipales, las concesiones, los planes urbanísticos, etc?, todos aquellos elementos que las leyes han ido dando a los gestores públicos criterios de subjetividad que se convierten en arbitrariedad y que han generado una desconfianza tal que los ciudadanos sabemos que existen pero no los identificamos en concreto salvo cuando hay una operación policial y es cuando decimos que no nos extraña nada, y más aun, llegamos a considerar que hay cosas más gordas que se están tapando.

¿Y ante esto qué hacer, basta con la transparencia? Creo que se exige control de eficacia del hacer público y no solamente sepamos qué se ha pagado en las facturas, sino si lo que se hecho va a responder a los objetivos y si esto se han conseguido y si se puede hacer más barato. El ejemplo claro son la privatizaciones. No se trata de gestionar por el capital privado, muchas veces éste no tiene en cuenta el beneficio social, casi nunca, pero se utiliza para poner de manifestó la absoluta incapacidad del sector público de actuar de manera responsable.

Creo que se impone un cambio, una revisión o incluso una revolución pero sin barricadas, no estamos por la labor de dar el paso para tirarnos al vacío, porque si salimos fortalecidos de la crisis, no será porque nos hayamos asido a una rama, sino porque hemos logrado dar el salto que nos permita estar de nuevo en una zona segura, porque esas ramas que se nos ofrecen suelen ser interesadas y lo único que nos produce es una sensación de salvación pero realmente lo que ocurre es que nos hemos destrozado las manos.

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